Hace un par de días recibí de un compañero de la Facultad de economía de la UNAM una respuesta a mi texto ¡Libertad!™, que como es bien sabido ganó el primer lugar en la categoría de ensayo del segundo concurso Caminos de la libertad para jóvenes. Me pareció pertinente responderle por este medio, ya que el comentario de dicho compañero es algo extenso y el estilo con que está escrito sugiere que puede ser leído por más personas. Así pues, Guillermo comienza diciendo:
Quién es el latinoamericano legítimo. Como pregunta que se plantea alguien en un ensayo, reconocido suficientemente por una fundación burguesa como para otorgarle el primer lugar. Lamento usar la palabra burguesa para calificar los intereses, seguramente nobles, del Grupo Salinas, así como también lamento que pueda causar cualquier sentimiento de indignación ante la comprensión del argumento principal de dicho ensayo. Pero no puedo dejar pasar la oportunidad para plantear la cuestión de la legitimidad latinoamericana, con respecto a la realidad actual, ahora que el ensayo cuestiona la legitimidad que denota el concepto de libertad.
El punto de partida de su argumentación es mi cuestionamiento hacia la verdadera naturaleza de la identidad latinoamericana, aunque quizá llama la atención el adjetivo con el que se califica a una empresa privada. Quizá lo menos importante en este caso sea la terminología que se ha elegido, si bien ésta denota el enfoque desde el cual el autor ha esgrimido su crítica. Lo que de verdad interesa, al menos por el momento, es el distanciamiento a mi argumento principal. Esto es que la identidad latinoamericana - y de cualquier sociedad - es una idea abstracta que únicamente le compete a los individuos y no a lo colectivo.
Lo que sea burgués es ahora un problema, porque así se representa en la colectividad y en los sentimientos de identidad oprimida de los latinos. Reconozco que la primera impresión que me causo (sic) esta idea fue la de un enredo. Es muy fácil confundir la realidad entre tantos colores atractivos, formas, diseños, olores, sabores y sensaciones que nos llevan a pensar infinidad de cosas, donde siempre cabe algo más y faltan miles de argumentos. Pero también por eso, me parece que es necesario hacer una valoración inicial sobre la cuestión a tratar. Se busca comprender un movimiento real de la sociedad, específicamente sobre la cuestión de la libertad de los individuos, como seres sociales, y por tanto del significado de la libertad colectiva. Si ese es el objetivo podemos proceder.
Lo que resulta pertinente destacar es que se parte del supuesto de que la libertad no es individual, sino coelctiva. Esto es un argumento bien conocido en la tradición marxista y, por tanto, socialista. Se trata de la comprensión del hombre no como ser individual, sino como ser colectivo. Que el hombre es un ser social, de eso no hay duda. La diference entre el enfoque liberal y el marxista es la comprensión del lugar que una persona ocupa en una sociedad. Para tales efectos, Karl Marx se desmarcó de la visión convencional y construyó gran parte de su teoría bajo la idea de un ser colectivo y no una colectividad que se compone de la sumatoria de diferentes individuos. El problema de este enfoque es que, desde un principio, anula toda posibilidad de que los hombres pueden definirse a sí mismos. Es decir que no hay espacio para un yo único e indivisible, pues éste pasa a formar parte de una totalidad de la que ya no es posible hacer abstracciones adecuadas.
¿Por qué los liberales defendemos el individualismo? No es por meras cuestiones económicas, evidentemente. En su magistral Camino de servidumbre, Friedrich Hayek nos advertía que favorecer al espíritu colectivo por encima del individual supone legitimar la ruta perfecta hacia la esclavitud. Si los liberales se centran en los individuos es porque los fundamentos de la ética emanan del ser individual y, de la misma manera, los derechos naturales tienen sentido sólo si se los comprende bajo la visión de un hombre que no está sometido a una voluntad colectiva. De esta manera, las sociedades no podrán ser libres si primero sus individuos no lo son. Pensar que la libertad opera desde un ámbito abstracto es un error intelectual que se ha traducido en una de las mayores tragedias de la sociedad.
La libertad individual es innegociable en una soecidad que se dice libre. De ahí que Ludwig von Mises dijera que el socialismo es la ideología que tiene como objetivo negar al individuo. Y tal como él estableció: "Freedom is indivisible. As soon as one starts to restrict it, one enters upon a decline on which it is difficult to stop".
Se me acusa de que no puedo ver que la historia humana ha sido escrita con guerra. No obstante, mi compañero vuelve a errar. Apenas al iniciar mi ensayo, establezco que tanto la historia europea como la latinoamericana tienen una tradición violenta que, no obstante, ha desembocado en dos escenarios diferentes. La violencia y las guerras ahí están y, de hecho, no son pocas mis críticas a los regímenes totalitarios de derecha. No obstante, como bien se da cuenta el autor de la crítica, el punto central de mi análisis es una revisión del legado opresivo del socialismo y de como éste se ha apropiado del discurso de la libertad. Un ejemplo de ello es el Che Guevara, a quien hoy se le rinde homenaje a pesar de haber sido un tirano.
Guillermo parece sugerir que yo justifico de alguna manera la dictadura de Pinochet en Chile. En realidad, lo único que digo es un hecho irrefutable que está exento de matices ideológicos y que se resume en la siguiente frase de mi ensayo: "El resultado es bien conocido: una recuperación económica ensombrecida por miles de desaparecidos y un régimen que se olvidó de las libertades sociales".
En todo caso, estos comentarios me hacen pensar si acaso mi compañero justifica de alguna manera las acciones violentas del Che sólo por el hecho de que la historia está escrita con sangre. Es por eso que lanzo la siguiente pregunta: ¿no acaso ambos buscamos una sociedad libre de violencia? Si es así, ¿entonces por qué seguir haciendo apología al terror? Esto los chilenos lo han entendido bien y, a pesar de todas las críticas que los liberales podemos hacerle a la Concertación, lo cierto es que los socialistas chilenos prefirieron dejar de lado su intransigencia ideológica y aceptar que, les guste o no, el sistema de libre mercado favorece al progreso de un país.
¿Por qué los liberales defendemos el individualismo? No es por meras cuestiones económicas, evidentemente. En su magistral Camino de servidumbre, Friedrich Hayek nos advertía que favorecer al espíritu colectivo por encima del individual supone legitimar la ruta perfecta hacia la esclavitud. Si los liberales se centran en los individuos es porque los fundamentos de la ética emanan del ser individual y, de la misma manera, los derechos naturales tienen sentido sólo si se los comprende bajo la visión de un hombre que no está sometido a una voluntad colectiva. De esta manera, las sociedades no podrán ser libres si primero sus individuos no lo son. Pensar que la libertad opera desde un ámbito abstracto es un error intelectual que se ha traducido en una de las mayores tragedias de la sociedad.
La libertad individual es innegociable en una soecidad que se dice libre. De ahí que Ludwig von Mises dijera que el socialismo es la ideología que tiene como objetivo negar al individuo. Y tal como él estableció: "Freedom is indivisible. As soon as one starts to restrict it, one enters upon a decline on which it is difficult to stop".
Primero podríamos adentrarnos en toda una larga historia filosófica sobre la cuestión del significado contundente del término verdad, para saber que es lo que significa que algo sea real. Podremos así intentar violar de diferentes modos cada letra que vallamos (sic) a usar, hasta conocer la esencia de su movimiento y la divinidad de su gracia para poder explicar algo en el maravilloso proceso de pensamiento que tiene el ser humano. Con lo cual, de paso, no resistiremos las ganas de explorar lo que significa ser algo, y hacer un balance finísimo sobre la cuestión del pensar, del alma y por que no de la moral, y de lo que sentimos cada vez que actuamos y contactamos el medio que nos rodea. Podremos finalmente, proponer que somos uno con el todo y que solo así se consigue la verdadera paz. Pero me parece, que en ese caso la realidad nos insultaría por todos los sentidos en que podamos contactarla e incluirla en nuestras ideas, y terminaría por pisotearnos el cráneo hasta volvernos al polvo, ya que no habremos comprendido nada. Ahora bien, también podríamos intentar explicar dicha realidad a partir de los acontecimientos actuales de toda índole teórica. Como hace nuestro ensayista al señalar el celebre complejo del derrotado, y donde poco falta para mencionar los aires de mesías y sueños que ansían los latinos. Dicho comportamiento puede estudiarse en el campo de la sociología y es un acontecimiento real. Y una vez más, sin entrar en interesantes debacles (sic) filosóficos, las personas sabemos lo que es real por que vivimos, aprendimos y nos expresamos. Por el momento, cualquier persona que tenga que trabajar, o acelerar su muerte para sobre vivir, es decir para comprar alimento, por mísero que sea, comprende la realidad sin necesidad de explicársela nadie. Yo en lo personal lo he comprobado, y le concedo ese reconocimiento a cualquier beodo, prostituta, drogadicto, ratero, pobre de solemnidad, bandido, pordiosero, desterrado, holgazán, peregrino, y desde luego a los poetas, tal como lo hizo Rubén Darío.A riesgo de parecer pedante, me atrevo a decir que este fragmento es más un ejercicio barroco de retórica que una verdadera argumentación. Incluso la referencia a Rubén Darío sobra, aunque la puedo entender en el marco de las menciones que yo hago sobre diversos escritores latinoamericanos en mi ensayo - en donde, por cierto, figura Roberto Bolaño, que de liberal tuvo poco y de socialista mucho, y que no por eso deja de ser uno de los mejores escritores latinos de los últimos años. Se puede rescatar, eso sí, la crítica a mi idea del complejo del derrotado que parecen tener los latinoamericanos.
Comprender esa realidad es el ejercicio que, me parece ha vendido el escritor del ensayo. Propone los comportamientos sociales y los analiza, como si fuera un trauma psicológico tratar de culpar siempre alguien por la pobreza latina: propone que el sentimiento de opresión latinoamericano busca depositarse en otras naciones. Y a mi parecer esto es una realidad a medias. Protegiéndose en los reconocidos Vargas Llosa y Karl Poper (sic), hace una reseña sobre la evolución del pensamiento socialista. No puede faltar la venta de la imagen del Che como estereotipo de libertad y lucha revolucionaria, ni tampoco deja de lado los fusilamientos del tiránico, totalitario y sanguinario papel que jugó el insurrecto como director de la prisión la Cabaña. Definitivamente el escritor no puede ver que la historia de las sociedades humanas ha sido escrita con guerra, y trata de mostrarnos la lucidez de su pensamiento critico, con tintes de juez y amante de la paz social. El Che seguramente le resulta un desgraciado asesino. Por otro lado la recuperación económica de Chile después de Augusto Pinochet, con la vía democrática, demuestra la efectividad que tienen los individuos libres para salir adelante, sin guerrillas y con un estereotipo de emprendedor que no debe ser visto como villano, ni debe ser criticado por los inconscientes izquierdistas soñadores que seguramente no conocen la realidad, con la misma sutileza con que la conoce nuestro autor.Aquí hay varios puntos interesantes. El primero de ellos es que el autor de la crítica me adjudica a mí la idea de que el latinoamericano tiene una especie de trauma que lo hace sentirse víctima de la realidad. Es necesario hacer una precisión: en mi ensayo hago una crítica a la idea victimista de Eduardo Galeano, el escritor sentimental y socialista de Las venas abiertas de América Latina. Al mismo tiempo, vuelvo sobre la idea de que la identidad es algo que le compete a los individuos y no a las colectividades. La idea de América Latina como víctima no es, en sí misma, un trauma de todos los latinoamericanos, sino que es la idea que la intelligentsia, es decir los intelectuales que apenas un fragmento de la sociedad, ha reiterado durante buena parte de nuestra historia contemporánea. En este sentido, la crítica que se me hace parte una incomprensión a mi texto, ya que, por algún motivo, se me adjudica una idea que yo mismo condeno y que forma parte del imaginario propuesto por un segmento bastante reducido de la población.
Se me acusa de que no puedo ver que la historia humana ha sido escrita con guerra. No obstante, mi compañero vuelve a errar. Apenas al iniciar mi ensayo, establezco que tanto la historia europea como la latinoamericana tienen una tradición violenta que, no obstante, ha desembocado en dos escenarios diferentes. La violencia y las guerras ahí están y, de hecho, no son pocas mis críticas a los regímenes totalitarios de derecha. No obstante, como bien se da cuenta el autor de la crítica, el punto central de mi análisis es una revisión del legado opresivo del socialismo y de como éste se ha apropiado del discurso de la libertad. Un ejemplo de ello es el Che Guevara, a quien hoy se le rinde homenaje a pesar de haber sido un tirano.
Guillermo parece sugerir que yo justifico de alguna manera la dictadura de Pinochet en Chile. En realidad, lo único que digo es un hecho irrefutable que está exento de matices ideológicos y que se resume en la siguiente frase de mi ensayo: "El resultado es bien conocido: una recuperación económica ensombrecida por miles de desaparecidos y un régimen que se olvidó de las libertades sociales".
En todo caso, estos comentarios me hacen pensar si acaso mi compañero justifica de alguna manera las acciones violentas del Che sólo por el hecho de que la historia está escrita con sangre. Es por eso que lanzo la siguiente pregunta: ¿no acaso ambos buscamos una sociedad libre de violencia? Si es así, ¿entonces por qué seguir haciendo apología al terror? Esto los chilenos lo han entendido bien y, a pesar de todas las críticas que los liberales podemos hacerle a la Concertación, lo cierto es que los socialistas chilenos prefirieron dejar de lado su intransigencia ideológica y aceptar que, les guste o no, el sistema de libre mercado favorece al progreso de un país.
No es de esperar menos que aquí el autor quiera terminar. Antes de comprender efectivamente lo que significa la libertad, el autor propone que los individuos libres son la base de las sociedades prosperas. Reconocida frase. Desde luego que se refiere a la libertad de mercado. Y desde luego que su estudio sociológico no ahonda las conductas sociales. O si es que no he leído bien, por favor mencionen cuales es la posición del autor sobre la conciencia o sobre el desarrollo de la personalidad en la infancia de la sociedad latinoamericana, y cuales son las condiciones económicas en que los niños sobreviven, los gustos a los que son estimulados y la moral con que han de enfrentarse cuando son adultos. Al respecto el autor sólo menciona el descabellado plan del pensamiento socialista. A mi parecer esa es una de las únicas opciones que quedan cuando vives en la realidad y debes enfrentarla. Y eso sólo cuando has logrado superar los deseos e impulsos sociales de conseguir una buena vida, lo que significa tener la capacidad de consumir más y aburguesarse, sin temor ni disculpa por la palabra.Habría que entender que un ensayo que está destinado a un concurso no puede extenderse infinitamente. El límite eran diez páginas a doble espacio con tipografía Arial 12. Por lo tanto, se hace necesario condensar lo más posible el tema y ceñirse al mismo. Si el tema era la libertad e independencia, no tendría sentido irse por las ramas y comentar aspectos puros de la economía.
Sobre el desarrollo de la consciencia y la infancia, me parece nuevamente que esto le compete a los individuos y que va más allá del alcance de un mero estudio de filosofía política. De hecho, gran parte de este argumento raya en la demagogia y que apela a los sentimientos. La cuestión de la distribución del ingreso y de las oportunidades es otro tema que puede desarrollarse en otros ensayos que no estén acotados por una temática establecida en una convocatoria.
El debate es, en efecto, o libertad individual o colectivismo. Lamentablemente, mi comapañero, como sucede con frecuencia, no es capaz de hacer una diferencia adecuada entre la ética y la moral. La primera es universal, mientras que la segunda es personal y, por tanto subjetiva. El autor de la crítica parece estar en contra del espíritu burgués, lo cual es totalmente legítimo para el ámbito privado, pero que no puede extrapolarse a una sociedad. El tirano es aquel que impone su moral a los demás. Quizá lo haga con la mejor de las intenciones, pero no entiende que está violando el principio ético y universal de la no agresión. Así, condenar los gustos burgueses es análogo a decirle qué leer o qué escuchar a una persona. Nadie quiere que un ser gobierne sobre sí mismo, sobre sus gustos, preferencias, deseos y sentimientos. ¿Por qué, entonces, para los colectivistas es legítimo el querer anular la voluntad?
Para mí, una sociedad prospera, es aquella en que todos los individuos tengan la oportunidad de trabajar, comer, desarrollar sus capacidades y vivir. Esas condiciones, que implican que todos trabajen según su capacidad y obtengan por ello según su necesidad, representan la base de la libertad. Solo así los individuos podrán ser verdaderamente libres. Y no trato con ello de defender las posiciones políticas de ningún partido o gobierno actual, ya que en los hechos y con las capacidades que tiene para actuar de tal forma, se refleja algo distinto. Para mí esto puede ser un poema, pero no es una utopía, ni un proyecto a emprender, ni mucho menos y en ningún sentido es una idea, la idea es solo la parte intangible que te ayuda a decidir. La construcción de este poema es la realidad sin más. Y se esta trabajando mientras acá escribimos. Ojala eso sirva de algo. Pero no. Sólo ayuda con el primer paso, la revolución individual para romper con lo individual. Ayuda a comprender que puede existir una libertad colectiva y una posibilidad de cambio, que tal es, a mi parecer el legado de Marx: demostrar que existe una posibilidad de cambio.
Aquí hay un punto de acuerdo, mínimo pero esencial: el deseo por una sociedad con igualdad de oportunidades. Sin embargo, los colectivistas van más allá y proponen la igualdad de resultados, que no es más que una pretensión injusta y tiránica, que por su propia naturaleza se opone al desarrollo de las personas. La sentencia marxista "de cada cual según su capacidad; a cada cual según sus necesidades" supone poner por encima de la libertad a la justicia social. El problema de esto es bien conocido: una sociedad que pone la igualdad por encima de la libertad acabará sin igualdad ni libertad. Esto es así por lo que Mises nos advertía: el destruir aunque sea un pequeño trozo de libertad implica caer en un declive del que es muy difícil salir. La libertad, entonces, se logra cuando se defienden los derechos naturales del hombre: la vida, la libertad y la propiedad. Y no hay otra manera de defenderlos que respetando el principio de la no agresión: nadie puede iniciar el uso de la fuerza sobre otra persona. La propuesta colectivista viola este principio ético y universal en favor de una supuesta igualdad.
Es curioso, por cierto, la manera en que mi compañero contradice todos sus argumentos: la revolución individual para romper con lo individual. Aquí deja en claro algo que los liberales han dicho desde hace ya varios años: el punto de partida es el individuo, incluso la rebelión contra sí mismo. Esta revolución, a decir de él, no tendría sentido si no empieza desde el individuo.


1 comentarios:
en verdad me costo leer por completo este articulo, me parece super interesante cada vez que leia me gusta mas y tiene razon todo empieza desde el individuo y su libertad por sobre todas las cosas,Felicitaciones, aqui en mi pais reina el capitalismo y muchas veces se dan muchas injusticias
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