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Estudiante liberal de economía, anarcocapitalista, antiizquierdista, narrador y poeta también.

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miércoles 23 de septiembre de 2009

En contra del alza de impuestos: teoría económica

Sorprende que por la supuesta - y tantas veces refutada por la experiencia - filiación neoliberal del actual gobierno de México, el día de hoy, en medio de una recesión de la que este país ha sido uno de los más afectados, se proponga un paquete económico que cotempla un alza de impuestos. Aquí hay dos lógicas: resarcir el boquete fiscal del que tanto se ha hablado e impulsar la economía mediante el gasto público. De este tema ya hablé muy por encima en Libertarios mexicanos, pero aquí pienso hacer un poco más exhaustiva la explicación de por qué el alza en los impuestos es un sinsentido económico.

Para esbozar el argumento necesario para la crítica al modelo económico actual, me basaré en dos modelos bastante conocidos dentro del mainstream - si bien el segundo suele quedar relegado por su carácter algo primitivo, en el sentido de que es bastante más abstracto y subjetivo que el primero. Finalmente, integraremos los modelos y daremos una conclusión desde un punto de vista liberal e incluso utilitario - y aquí aclaro que ni siquiera me agrada del todo el utilitarismo a ultranza.

La curva de Laffer

Sobre este modelo existe una vasta literatura. En las matemáticas las demostraciones que son mejor vistas por la comunidad son las más elegantes. Así, en la economía podríamos decir que un buen modelo debe ser, ante todo, sencillo, explicativo y, claro, elegante[1]. La curva de Laffer cumple estas condiciones necesarias. Nacida de una plática en algún bar, en la que Arthur Laffer la dibujó en una servilleta, esta curva con forma de parábola invertida nos muestra la relación que existe entre el tipo impositivo y la recaudación:

Cuando la parábola se encuentra con su máximo, es cuando la recaudación de impuestos se vuelve más eficiente. Como podemos ver, eso no sucede precisamente cuando el tipo impositivo es el más alto. Lo que el modelo explica es que una exagerada presión tributaria no revierte en mayores ingresos, ya que en esos casos lo más probable es que los individuos descubran mecanismos para evadir dicho pago o simplemente se busquen condiciones más favorables como los paraísos fiscales.

Esto se muestra muy bien en el gráfico. Cuando la recaudación es muy elevada - esto aquí se representa en t3 - el ingreso que obtiene el gobierno es apenas Y3, es decir, un nivel por debajo del óptimo. Lo recomendable en este caso sería que se redujera la carga impositiva para que las arcas del Estado se llenaran.

Una de las grandes críticas que se le ha hecho a la curva de Laffer es que se trata de un modelo que pretende justificar siempre la relajación tributaria. A modo de contraejemplo siempre se ofrecen algunos datos sobre el período de la presidencia de Reagan en Estados Unidos, donde después de la rebaja de impuestos la recaudación no aumentó significativamente. De cualquier manera, ésta es una crítica muy fácil de ser refutada: lo que realmente explica la curva de Laffer es que ni un tipo impositivo muy bajo - caso Estados Unidos en los ochenta - ni uno demasiado alto llevan consigo una recaudación máxima. Así pues, la curva de Laffer es, ante todo, un modelo de la eficiencia económica que, más allá de divergencias ideológicas, se muestra muy fuerte cuando es contrastado con la realidad:

En ese sentido, y para tomar algo de evidencia empírica con el fin de que esto no se quede en meras abstracciones, el caso de Islandia es muy interesante, ya que se tiene constancia de que de 1991 a 2001, con el tipo impositivo cayendo de manera gradual desde un robusto 45% hasta un 18% los ingresos fiscales se triplicaron[2].

La segunda crítica recurrente a este modelo es que no existe nada que nos indique cuál es el tipo impositivo que garantiza la maximización del dinero captado por el gobierno. Es cierto, la economía en su comportamiento cotidiano no tendría por qué reflejar una curva de Laffer perfectamente caracterizada por una parábola de la que sea muy simple hallar el máximo mediante un par de derivadas. De hecho, tampoco existe nada que demuestre que esta curva sea en realidad simétrica - cuando lo más probable es que presente un sesgo. Por otro lado, también se comenta que es absurdo que a un tipo impositivo infinito no se corresponda con algún grado de recaudación. Esto, no obstante, es una obviedad: para resolver el problema sólo falta hacer una gráfica asintótica al eje de las abcisas.

Más allá de estas precisiones, la curva de Laffer es un modelo de perfecta validez teórica y empírica. En realidad, como en casi todos los modelos mainstream, el pecado principal viene del lado del policymaker o del mismo economista que toma la representación gráfica como un comportamiento inequívico y a priori de la realidad[3].

La curva de Armey

Acaso menos conocida, la curva de Armey es también un bello modelo que explica la relación que existe entre el gasto del gobierno con el crecimiento de la economía. Esta gráfica fue ideada por un congresista republicado en las últimas décadas del siglo pasado.



Como es evidente, éste es un modelo en última instancia estatista, aunque ése es el menor inconveniente en estos momento. La gráfica muestra que en ausencia de una insitución que garantice los derechos de propiedad el crecimiento sería muy bajo - Armey, como político, identifica esto como una sociedad anárquica donde es fácil que se caiga en un estado donde no se respetan los contratos privados y se caiga en la corrupción; este apartado, claro, es discutible - pero también nos enseña que la maximización del crecimiento económico no se da cuando el gasto público es más grande: a partir de un punto el Estado, más que garantizar las condiciones de libre emprendimiento y desarrollo económico, crea trampas en que los incentivos al crecimiento son tan bajos que se crea un clima de corrupción e ineficiencia[4].

En este caso, las críticas vienen sobre todo del lado keynesiano que históricamente ha defendido los déficits públicos y los elevados gastos para potenciar el famoso multiplicador[5]. También se dice que este modelo no tiene validez porque esta representación gráfica no se dio en un contexto de rigurosas deducciones matemáticas. Sin embargo, nada garantiza que un modelo cuyo desarrollo matemático sea correcto refleje el comportamiento de la sociedad. Por otro lado, la falacia de los multiplicadores del gasto puede verse contrastada con datos que sí son reales:



La contundencia de las cifras en este caso deja sin muchos argumentos a los apoligistas del multiplicador del gasto público y demuestra que algo de razón hay en el modelo de Armey.

Un doble modelo de Laffer-Armey

Como ya hemos explicado, la curva de Laffer es un modelo de la eficiencia en la recaudación de impuestos, mientras que la curva de Armey muestra cuánta es la eficacia del gasto público para la determinación del crecimiento económico. Siendo dos modelos creados de manera independiente, estos pueden integrarse para mostrar de forma general la relación existente entre la recaudación - pilar del gasto - y el crecimiento.



En este modelo vemos que el punto máximo de crecimiento no corresponde con la mayor recaudación. Si se tiene una política económica cuya meta sea la obtención de mayores recursos el crecimiento se compromente. Lo que vemos es que si el gobierno maximiza ingresos, la economía sufre un impacto negativo.

Se podría decir que la forma de estas curvas que mutuamente se relacionan es arbitraria, pero, a diferencia de muchos modelos cuyo único sustento es una serie de derivadas parciales, la lógica económica, como ya dije en un artículo pasado, explica lo siguiente en un contexto de impuestos excesivos:

En todo caso, las crisis requieren que el ahorro crezca para que en un futuro los recursos puedan ser reasignados a modo de inversión. El exceso de impuestos sólo logra que la productividad sea castigada y que, por tanto, no haya incentivos para que los empresarios reanuden con intensidad la actividad económica. En cambio tienen que elevar precios para compensar sus pérdidas, a lo que la demanda responde con una caída - una ley de primer semestre. Si los empresarios no pueden recuperar sus ganancias de ese modo, no queda de otra que reducir el personal.

Como vemos, aquí las justificaciones recaen en la lógica de la realidad. De hecho, es lo que se ha estado diciendo: un alza en los impuestos siempre tiene como consecuencia una productividad disminuida.

Conclusiones

De este modelo que hemos integrado, podemos esbozar dos panoramas a seguir para el caso mexicano, que es el que nos compete en estos momentos, aunque puede ser generalizado a cualquier otra economía:

  1. Si lo que el gobierno busca es maximizar sus ingresos, entonces parece que los mecanismos de recaudación deben ser distintos. En este caso, por ejemplo, resultaría más efectiva una alza en los impuestos directos - como el ISR - del que las personas no se pueden escapar a menos que dejen de trabajar. Es menos nocivo, pero menos eficiente, el aumento en los impuestos indirectos, porque de esos el contribuyente se puede escapar si sacrifica su consumo. En cualquier caso, las consecuencias serían unas finanzas públicas algo más equilibradas, pero con un nulo crecimiento económico.
  2. Si lo que se busca es tener un crecimiento más alto en una época de crisis, entonces lo más recomendable sería relajar la carga impositiva para que la productividad no se viera castigada. Esto, a su vez, repercute en los niveles de empleo y bienestar. Por otro lado, la mexicana no fue una crisis propiamente financiera sino una que apareció como una segunda oleada, que fue la que se exportó al mundo desde las economías cuyos sistemas financieros estaban más desarrollados. En ese sentido, la recuperación interna sólo puede ocurrir en un contexto de mayor inversión.
Quedaría por dilucidar cuál es la opción que más le conviene a México, aunque es bastante evidente que el segundo caso es mucho más deseable. Quizá así dejaríamos de ser el país latinoamericano con el menor crecimiento económico.

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[1] Más ejemplos, aunque de carácter muy distinto, podrían ser el Triángulo de Hayek o el modelo IS-LM de Hicks.
[2] Un artículo interesante que habla de este tema puede ser encontrado aquí.
[3] Afortunadamente la escuela austríaca, haciendo uso de algunos modelos mainstrem, nos puede ofrecer un panorama muy amplio de la realidad sin necesidad de dar por hecho la infabilidad de dichos modelos.
[4] Aquí Mises corroboraría esta deducción mediante el teorema de la imposibilidad del cálculo ecónomico bajo el socialismo o las dificultades que se presentan en los sistemas altamente intervenidos.
[5] De cualquier forma, la teoría de los multiplicadores fue refutada por Murrary Rothbard en su libro Man, Economy and State. Esta misma reducción al absurdo fue más tarde popularizada por Henry Hazlitt en su libro The Failure of the New Economics.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo curioso es que la mayoría de quienes defienden el uso de las matemáticas en economía no defienden la curva de Laffer.

Cronos dijo...

Claro, porque si la vida fuera así de simple, entonces existiría un modelo único de curva de Laffer para todas las economías, lo que ya de por sí es un sinsentido. La realidad es que cada nación tiene una tendencia de Laffer - llamémosla así - única, que ni siquiera es la misma con el paso del tiempo.

Uno de los peores defectos de los economistas, en general, es su dogmatismo en cuanto a los modelos. En vez de ser guías los ven como si de una profecía se tratase.

Anónimo dijo...

Saludos: el hecho es que todos entendemos y sabemos que el sentido comun no se aplica y que no existen los medios o puentes para aplicar lo que la mayoria de los mexicanos creemos correcto. al parecer nuestros representantes en el gobierno solo sirven a sus intereses, lo medios de comunicacion a los suyos y el grueso de la poblacion solo nos queda esperar un milagro el cual solo puede darse con la union de todos. me pregunto todos las acciones perjudiciales actuales y futuras de nuestro gobierno no pueden frenarse con la accion civil responsable y pacifica de la mayoria.

Jay dijo...

Muy buena explicación. Felicidades!!!

Anónimo dijo...

para el gobierno de México no es algo desconocido lo que planteas,senadores y diputados han retomado el modelo que aqui planteas y han notado que no seria viable porque el mismo Laffer se contradice,ademas que han demostrado que en la practica si es verdad las criticas son diversas y en particular no creo en este modelo; ten un poco de fe al menos en las investigaciones del gobierno y seria muy interesante que plantearas una replica a los comentarios hechos por los senadores de México; te la pongo mas sencilla: revisa la investigación hecha por el senado llamada: Modelos de Recaudación Fiscal, ahí en modelos alternos encontraras todo un apartado para la curva de Laffer ademas de otros modelos interesantes que incluso tu no mencionas, espero tus comententarios

Cronos dijo...

Ya lo dije en mi comentario. Las críticas que se le hacen al modelo de la curva de Laffer son bastante ingenuas. En ningún momomento el modelo pretende establecer cuál es la tasa óptima. Es evidente que ésta varía en cada país. Además la curva sólo explica los niveles de recaudación, no de eficiencia económica. Así, no es posible establecer si la economía mexicana se encuentra a la izquierda del máximo o a la derecha. Lo lógico sería pensar que está hacia la izquierda. Pero en todo caso la maximización de la recaudación no tiene porqué llevar a un nivel de bienestar mayor. Hay abundantes trabajos académicos que tiran por la borda la idea de que el gasto público tiene efectos positivos.

Modelos de recaudación fiscal hay muchos. Se me ocurre la regla de Ramsey, que trata de encontrar cuál es la tasa máxima a la que se debe gravar un mercado teniendo en cuenta las elasticidades del mismo, minimizando las pérdidas de eficiencia asociadas a la introducción de un impuesto.

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