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Estudiante liberal de economía, anarcocapitalista, antiizquierdista, narrador y poeta también.

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lunes, 27 de abril de 2009

La SEP y la desaparición de la filosofía

Entre algunos estudiantes y uno que otro crítico hay cierta crispación en torno al tema de la Reforma Integral de Educación Media Superior (RIEMS) que la Secretaría de Eduacción Pública (SEP) acaba de aprobar, más que nada porque la filosofía desaparece de los planes de estudios en la preparatoria. En realidad se ha vuelto una materia optativa. Es decir, las escuelas decidirán si es pertinente impartir dicha asignatura. No obstante, para poner las cosas en claro, ya antes de esta reforma había esta modalidad en las escuelas privadas. Hagamos un poco de contexto personal antes de pasar a la crítica pertinente:

La preparatoria la estudié en una escuela privada. En el último año de enseñanza uno elige en qué área se desea estar: 1) Físico-matemático e ingenierías; 2) Biología y de la salud; 3) Ciencias sociales; 4) Humanidades y artes. La gran mayoría se van al área uno o tres. No es de sorprender, ya que la mayoría de los estudiantes en la actualidad quieren dedicarse a una ingeniería que les deje un buen sueldo o a la administración de empresas. En mi caso elegí el área tres, ahí cuando no tenía decidido qué estudiar. Me movía en el terreno de la ciencia política, aunque finalmente alguien me convenció de que lo mío era la economía. Además del horroroso tronco común, donde las únicas materias realmente relevantes eran Matemáticas (cálculo diferencial e integral) y Literatura Iberoamericana, las materias específicas de mi área eran Estadística y probabilidad, Introducción a las ciencias sociales y económicas, Geografía económica, Problemas sociales y económicos de México, y Contabilidad. De éstas compartíamos con el área de las humanidades la de Introducción a las ciencias sociales.

Más allá de lo mediocre de los profesores, me parece que, salvo por la contabilidad, es muy atractivo el plan del área de las ciencias sociales. Ahora que estoy en la universidad curso la materia de estadística. Como me encuentro en la UNAM resulta evidente que la mayoría de mis compañeros son egresados de las impresentables preparatorias públicas de este país. Arriesgando una estimación superflua, puedo decir que algo así como el 80% de mis compañeros no habían visto en su vida estadística o probabilidad. Vamos, no conocían, ni siquiera, cálculo diferencial, pues la educación humanística y sensible de las alternativas escuelas públicas no considera pertinente que a los futuros economistas se les enseñen estas herramientas procapitalistas. Hasta la fecha muy poca gente sabe qué es una integral, pero se desviven leyendo El Capital, como si de Harry Potter o Crepúsculo se tratase. De este modo no podemos acusar a la UNAM de impartir una educación con sesgo liberal, sino todo lo contrario. En el caso más arriesgado es keynesiana.

El área cuatro llevaba Historia de las doctrinas filosóficas (la que, supongo, se eliminará), Historia de la cultura, Comunicación visual e Historia del arte. La materia en cuestión será reemplazada por un equivalente un tanto dudoso, algo así como pensamiento y aprendizaje. En ese sentido las críticas no han dejado de llover. Me llama la atención la que hace Heriberto Yépez, publicada en Milenio [1]:

Hay otras razones de peso para su eliminación. La filosofía históricamente ha tenido una relación tensa con el orden económico dominante. La mayoría de la filosofía prepara al individuo para volverse analítico, desconfiado y crítico.
En países como el nuestro, esa minoría de estudiantes —de todas las clases sociales— que logra entender la filosofía se vuelve políticamente disidente o, al menos, incrédulo del gobierno, religión y mass media.
Esto no agrada al capitalismo bélico, al consumo transnacional, al Vaticano y al espectáculo populista.
La filosofía altera los paradigmas existenciales de los alumnos de modo radical. Después de un semestre o dos, algunos estudiantes reportan que su modo de ver al mundo cambió por completo. Se modifican sus aspiraciones y personalidad.
La filosofía incrementa el descontento contra el capitalismo y el dominio estadunidense. En México, además, la filosofía se vuelve indeseable en una época de integración geopolítica: los profesores de filosofía suelen haber sido formados en planteles, programas y bibliografías izquierdistas.
Lo primero que llama poderosamente la atención es que Yépez deja ver su descontento más bien paranoico contra el capitalismo y Estados Unidos, actitud sin duda típica en la izquierda latinoamericana. Es cierto que la filosofía propicia el pensamiento crítico contra el establishment, pero Yépez olvida que las doctrinas filosóficas no son una distribución normal de probabilidad, donde la media es la izquierda. Es decir, en una campana de Gauss la gran mayoría de los datos se concentran entre la media. Lo que Yépez presupone que ese valor medio viene representado por el pensamiento crítico de la izquierda, como si Hegel fuera el único filósofo cuyo legado ha trastocado a la filosofía. No hay, en mi opinión, un error más grande que eso, pues la filosofía no se reduce simplemente a este método.

Pero no vayamos tan lejos. Karl Popper atacó a Hegel en numerosas ocasiones desde postulados meramente epistemológicos y filosóficos. Para Popper la tradición historicista, que incluso podría remontarse hasta Platón, aquel sombrío personaje de ideas totalitarias, es la que ha sentado las bases para la idea de una sociedad donde parece inevitable el sacrificio de la libertad. Hegel fue el artífice de esto y Marx tan solo compuso a su modo la dialéctica mediante diversos métodos, como el del materialismo histórico. Lo que sostiene Popper es que, llegado cierto punto, el historicismo ha desembocado en una serie de doctrinas filosóficas que se vuelven contra la civilización. Él, en el prólogo de La sociedad abierta y sus enemigos, se atreve a especular el porqué de esto [2]:

¿Por qué estas filosofías sociales se vuelven contra la civilización? (...) ¿Por qué atraen a tantos intelectuales? Personalmente me inclino a creer que la razón reside en su deseo de dar expansión a una insatisfacción profundamente arraigada, frente a un mundo que no se acerca, ni lejanamente, a nuestros ideales morales ni a nuestros sueños de perfección. La tendencia del historicismo a defender la rebelión contra la civilización puede obedecer al hecho de que el historicismo es en sí mismo, con mucho, una reacción contra el peso de nuestra civilización y su exigencia de responsabilidad personal.

Es decir, y derrumbando el argumento de Yépez, sí hay vertientes filósoficas que se encargan de criticar a la sociedad desde la izquierda, pero en muchos casos sólo responden a la necesidad de justificar la existencia del gran líder de Estado, de se filósofo descrito por Platón. ¿La crítica libertaria hacia esos líderes no es, acaso, una pretensión legítima? Para Yépez no es así: no puede haber filosofía que no sea insurrecta y de izquierda, eso es un crimen que atenta contra el sentido común. Veamos lo que dice en un artículo posterior [3]:

Ya lo dijimos: desde los gobiernos de derecha, la filosofía es vista como revoltosa (izquierdosa), anticatólica (“envenenadora”), inútil (no aumenta la productividad), impopular (aburrida) y “globalifóbica”.

Bajo esa lógica bastante superflua también podríamos decir que para los gobiernos de izquierda, la filosofía disidente es vista como reaccionaria, conservadora e inmoral. No es de extrañar que los totalitarismos, como bien dice Mario Vargas Llosa, lo primero que hacen es censurar el testimonio escrito. Esto ocurrió tanto en la España franquista como en la Cuba de Fidel Castro. Esto nos demuestra que la filosofía no es, de ningún modo, una actitud estacionaria, un pensamiento estático que sólo se mueve del lado de la izquierda, del lado de la igualdad. La filosofía, eso sí, tiende a buscar la libertad y eso Yépez lo intuye:

La otra filosofía implica algo creativo, terapéutico, conmocionador: aprender en cuerpo propio disciplinas espirituales, ejercicios psicológicos que te liberan de fantasías dogmáticas, emociones negativas, esclavitudes religiosas, políticas, sexuales y familiares que impiden la construcción del hombre total.

¿Pero no acaso también la filosofía de la izquierda crea dogmas? La teoría del valor trabajo es, sin duda alguna, un dogma que sigue presente en gran parte de las teorías libertarias. Es dogma también la idea de la igualdad como fin último de la humanidad. Es dogma la inexplicable intolerancia del anarquismo más clásico y recalcitrante, que no permite si quiera la aceptación del principio más básico que buscan quienes sí tienen un verdadero espíritu anarquista: la libertad de asociación. Y si seguimos la lógica de Yépez, ¿los liberales somos contrarios a la filosofía? ¿No acaso todo el pensamiento liberal que se desarrolló a lo largo de los siglos es algo que merecería llevar otra denominación?

Lo que aquí se critica es un error fatal considerar a la filosofía como algo estático y absoluto. El descontento por la decisión del gobierno es completamente justificable e incluso la aplaudo, pues finalmente se contribuye a esa mediocridad que ya es común denominador en nuestra sociedad. El error, que quede claro, es presuponer, además, que sin filosofía perdemos el espíritu crítico. Y aquí es donde regreso al testimonio personal: yo no cursé ninguna materia en relación a la filosofía, pero eso no ha impedido que en mí se desarrolle un pensamiento crítico. Esto último es lo que me lleva a plantearme que uno de los grandes absurdos en nuestro pensamiento actual es el presuponer que el descontento con lo establecido se da sólo desde la izquierda, desde el anticapitalismo. Es absurdo pues en la academia se cocinan teorías acaso más sólidas que tiene como fin último protestar, pero desde diversos planos: ahí tenemos el individualismo, a algunos mutualistas, a los anarquistas de mercado, a los minarquistas.

La verdadera crítica debería encaminarse al afán de los gobiernos por extender la medianía intelectual de los estudiantes. Querer agarrarse de esta posición crítica para difamar al capitalismo y a los disidentes de la derecha perversa parece demostrar que la filosofía pregonada por los dueños de la corrección política, los inefables revolucionarios de la izquierda, no es sino un conjunto de argumentos que bloquean el sentido común, demostrando así que el dogma viene por parte de aquellos que se criaron en la tradición crítica [4].

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[1] Heriberto Yépez; La SEP desaparece la filosofía, publicado en Milenio.
[2] La sociedad abierta y sus enemigos, Karl Popper. Pág 19.
[3] Heriberto Yépez; El futuro de la filosofía en México, publicado en Milenio.
[4] Curiosamente la izquierda es la que, de alguna forma, se ha apropiado del término crítico, exiliando a las demás vertientes del pensamiento de tal denominación.

6 comentarios:

the langlois dijo...

Creer que la filosofía se reduce a la "crítica anticapitalista" es un prejuicio bastante extendido. De hecho, todo aquel joven que estudia filosofía es visto, a priori, como un "zurdito" (por lo menos acá en Argentina). Por otro lado, es negarle relevancia a filósofos individualistas o liberales que marcaron época: muchos pensadores presocráticos, David Hume y la escuela escosesa, Kierkegaard, Nietzsche, el mismo Popper, etc.

¿El origen de este error no estará en aquella histórica frase de Marx que sentenciaba que "los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo"? La cual, si bien es muy cierta, está íntimamente ligada a la figura del alemán y sobretodo del socialismo...

Anónimo dijo...

Crees que cuentas con un pensamiento crítico, eso es sólo una creencia, quizá si hubieras estudiado teoría del conocimiento serías menos autocomplaciente.

Cronos dijo...

Sí, es posible, aunque tu crítica (¿?) también deja mucho que desear, sobre todo porque no es crítica. Ahora bien, una falicia - ad hominem en tu caso - no tiene validez para refutar nada. Sorry, dude. You lost.

Anónimo dijo...

Estás bien engreído, confundido, resentido y bien mal. Pero ha sido divertido leer tus conceptos...

Cronos dijo...

Bien filosófico tu comentario, anónimo. Por cierto, conceptos míos no son, sino de Popper.

yelverbosehizopolitica dijo...

A mi si me ha gustado y estudio filosofia. No puedo estar mas de acuerdo con usted. Por desgracia la gran mayoria de los que se pasean por la facultad de filosofia creen que filosofar es estár en contra de toda reforma venida del gobierno, o peor aun, los guerrilleros son tomados como modelos.

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