Quién es el latinoamericano legítimo. Como pregunta que se plantea alguien en un ensayo, reconocido suficientemente por una fundación burguesa como para otorgarle el primer lugar. Lamento usar la palabra burguesa para calificar los intereses, seguramente nobles, del Grupo Salinas, así como también lamento que pueda causar cualquier sentimiento de indignación ante la comprensión del argumento principal de dicho ensayo. Pero no puedo dejar pasar la oportunidad para plantear la cuestión de la legitimidad latinoamericana, con respecto a la realidad actual, ahora que el ensayo cuestiona la legitimidad que denota el concepto de libertad.
Lo que sea burgués es ahora un problema, porque así se representa en la colectividad y en los sentimientos de identidad oprimida de los latinos. Reconozco que la primera impresión que me causo (sic) esta idea fue la de un enredo. Es muy fácil confundir la realidad entre tantos colores atractivos, formas, diseños, olores, sabores y sensaciones que nos llevan a pensar infinidad de cosas, donde siempre cabe algo más y faltan miles de argumentos. Pero también por eso, me parece que es necesario hacer una valoración inicial sobre la cuestión a tratar. Se busca comprender un movimiento real de la sociedad, específicamente sobre la cuestión de la libertad de los individuos, como seres sociales, y por tanto del significado de la libertad colectiva. Si ese es el objetivo podemos proceder.
¿Por qué los liberales defendemos el individualismo? No es por meras cuestiones económicas, evidentemente. En su magistral Camino de servidumbre, Friedrich Hayek nos advertía que favorecer al espíritu colectivo por encima del individual supone legitimar la ruta perfecta hacia la esclavitud. Si los liberales se centran en los individuos es porque los fundamentos de la ética emanan del ser individual y, de la misma manera, los derechos naturales tienen sentido sólo si se los comprende bajo la visión de un hombre que no está sometido a una voluntad colectiva. De esta manera, las sociedades no podrán ser libres si primero sus individuos no lo son. Pensar que la libertad opera desde un ámbito abstracto es un error intelectual que se ha traducido en una de las mayores tragedias de la sociedad.
La libertad individual es innegociable en una soecidad que se dice libre. De ahí que Ludwig von Mises dijera que el socialismo es la ideología que tiene como objetivo negar al individuo. Y tal como él estableció: "Freedom is indivisible. As soon as one starts to restrict it, one enters upon a decline on which it is difficult to stop".
Primero podríamos adentrarnos en toda una larga historia filosófica sobre la cuestión del significado contundente del término verdad, para saber que es lo que significa que algo sea real. Podremos así intentar violar de diferentes modos cada letra que vallamos (sic) a usar, hasta conocer la esencia de su movimiento y la divinidad de su gracia para poder explicar algo en el maravilloso proceso de pensamiento que tiene el ser humano. Con lo cual, de paso, no resistiremos las ganas de explorar lo que significa ser algo, y hacer un balance finísimo sobre la cuestión del pensar, del alma y por que no de la moral, y de lo que sentimos cada vez que actuamos y contactamos el medio que nos rodea. Podremos finalmente, proponer que somos uno con el todo y que solo así se consigue la verdadera paz. Pero me parece, que en ese caso la realidad nos insultaría por todos los sentidos en que podamos contactarla e incluirla en nuestras ideas, y terminaría por pisotearnos el cráneo hasta volvernos al polvo, ya que no habremos comprendido nada. Ahora bien, también podríamos intentar explicar dicha realidad a partir de los acontecimientos actuales de toda índole teórica. Como hace nuestro ensayista al señalar el celebre complejo del derrotado, y donde poco falta para mencionar los aires de mesías y sueños que ansían los latinos. Dicho comportamiento puede estudiarse en el campo de la sociología y es un acontecimiento real. Y una vez más, sin entrar en interesantes debacles (sic) filosóficos, las personas sabemos lo que es real por que vivimos, aprendimos y nos expresamos. Por el momento, cualquier persona que tenga que trabajar, o acelerar su muerte para sobre vivir, es decir para comprar alimento, por mísero que sea, comprende la realidad sin necesidad de explicársela nadie. Yo en lo personal lo he comprobado, y le concedo ese reconocimiento a cualquier beodo, prostituta, drogadicto, ratero, pobre de solemnidad, bandido, pordiosero, desterrado, holgazán, peregrino, y desde luego a los poetas, tal como lo hizo Rubén Darío.A riesgo de parecer pedante, me atrevo a decir que este fragmento es más un ejercicio barroco de retórica que una verdadera argumentación. Incluso la referencia a Rubén Darío sobra, aunque la puedo entender en el marco de las menciones que yo hago sobre diversos escritores latinoamericanos en mi ensayo - en donde, por cierto, figura Roberto Bolaño, que de liberal tuvo poco y de socialista mucho, y que no por eso deja de ser uno de los mejores escritores latinos de los últimos años. Se puede rescatar, eso sí, la crítica a mi idea del complejo del derrotado que parecen tener los latinoamericanos.
Comprender esa realidad es el ejercicio que, me parece ha vendido el escritor del ensayo. Propone los comportamientos sociales y los analiza, como si fuera un trauma psicológico tratar de culpar siempre alguien por la pobreza latina: propone que el sentimiento de opresión latinoamericano busca depositarse en otras naciones. Y a mi parecer esto es una realidad a medias. Protegiéndose en los reconocidos Vargas Llosa y Karl Poper (sic), hace una reseña sobre la evolución del pensamiento socialista. No puede faltar la venta de la imagen del Che como estereotipo de libertad y lucha revolucionaria, ni tampoco deja de lado los fusilamientos del tiránico, totalitario y sanguinario papel que jugó el insurrecto como director de la prisión la Cabaña. Definitivamente el escritor no puede ver que la historia de las sociedades humanas ha sido escrita con guerra, y trata de mostrarnos la lucidez de su pensamiento critico, con tintes de juez y amante de la paz social. El Che seguramente le resulta un desgraciado asesino. Por otro lado la recuperación económica de Chile después de Augusto Pinochet, con la vía democrática, demuestra la efectividad que tienen los individuos libres para salir adelante, sin guerrillas y con un estereotipo de emprendedor que no debe ser visto como villano, ni debe ser criticado por los inconscientes izquierdistas soñadores que seguramente no conocen la realidad, con la misma sutileza con que la conoce nuestro autor.Aquí hay varios puntos interesantes. El primero de ellos es que el autor de la crítica me adjudica a mí la idea de que el latinoamericano tiene una especie de trauma que lo hace sentirse víctima de la realidad. Es necesario hacer una precisión: en mi ensayo hago una crítica a la idea victimista de Eduardo Galeano, el escritor sentimental y socialista de Las venas abiertas de América Latina. Al mismo tiempo, vuelvo sobre la idea de que la identidad es algo que le compete a los individuos y no a las colectividades. La idea de América Latina como víctima no es, en sí misma, un trauma de todos los latinoamericanos, sino que es la idea que la intelligentsia, es decir los intelectuales que apenas un fragmento de la sociedad, ha reiterado durante buena parte de nuestra historia contemporánea. En este sentido, la crítica que se me hace parte una incomprensión a mi texto, ya que, por algún motivo, se me adjudica una idea que yo mismo condeno y que forma parte del imaginario propuesto por un segmento bastante reducido de la población.
Se me acusa de que no puedo ver que la historia humana ha sido escrita con guerra. No obstante, mi compañero vuelve a errar. Apenas al iniciar mi ensayo, establezco que tanto la historia europea como la latinoamericana tienen una tradición violenta que, no obstante, ha desembocado en dos escenarios diferentes. La violencia y las guerras ahí están y, de hecho, no son pocas mis críticas a los regímenes totalitarios de derecha. No obstante, como bien se da cuenta el autor de la crítica, el punto central de mi análisis es una revisión del legado opresivo del socialismo y de como éste se ha apropiado del discurso de la libertad. Un ejemplo de ello es el Che Guevara, a quien hoy se le rinde homenaje a pesar de haber sido un tirano.
Guillermo parece sugerir que yo justifico de alguna manera la dictadura de Pinochet en Chile. En realidad, lo único que digo es un hecho irrefutable que está exento de matices ideológicos y que se resume en la siguiente frase de mi ensayo: "El resultado es bien conocido: una recuperación económica ensombrecida por miles de desaparecidos y un régimen que se olvidó de las libertades sociales".
En todo caso, estos comentarios me hacen pensar si acaso mi compañero justifica de alguna manera las acciones violentas del Che sólo por el hecho de que la historia está escrita con sangre. Es por eso que lanzo la siguiente pregunta: ¿no acaso ambos buscamos una sociedad libre de violencia? Si es así, ¿entonces por qué seguir haciendo apología al terror? Esto los chilenos lo han entendido bien y, a pesar de todas las críticas que los liberales podemos hacerle a la Concertación, lo cierto es que los socialistas chilenos prefirieron dejar de lado su intransigencia ideológica y aceptar que, les guste o no, el sistema de libre mercado favorece al progreso de un país.
No es de esperar menos que aquí el autor quiera terminar. Antes de comprender efectivamente lo que significa la libertad, el autor propone que los individuos libres son la base de las sociedades prosperas. Reconocida frase. Desde luego que se refiere a la libertad de mercado. Y desde luego que su estudio sociológico no ahonda las conductas sociales. O si es que no he leído bien, por favor mencionen cuales es la posición del autor sobre la conciencia o sobre el desarrollo de la personalidad en la infancia de la sociedad latinoamericana, y cuales son las condiciones económicas en que los niños sobreviven, los gustos a los que son estimulados y la moral con que han de enfrentarse cuando son adultos. Al respecto el autor sólo menciona el descabellado plan del pensamiento socialista. A mi parecer esa es una de las únicas opciones que quedan cuando vives en la realidad y debes enfrentarla. Y eso sólo cuando has logrado superar los deseos e impulsos sociales de conseguir una buena vida, lo que significa tener la capacidad de consumir más y aburguesarse, sin temor ni disculpa por la palabra.Habría que entender que un ensayo que está destinado a un concurso no puede extenderse infinitamente. El límite eran diez páginas a doble espacio con tipografía Arial 12. Por lo tanto, se hace necesario condensar lo más posible el tema y ceñirse al mismo. Si el tema era la libertad e independencia, no tendría sentido irse por las ramas y comentar aspectos puros de la economía.
Para mí, una sociedad prospera, es aquella en que todos los individuos tengan la oportunidad de trabajar, comer, desarrollar sus capacidades y vivir. Esas condiciones, que implican que todos trabajen según su capacidad y obtengan por ello según su necesidad, representan la base de la libertad. Solo así los individuos podrán ser verdaderamente libres. Y no trato con ello de defender las posiciones políticas de ningún partido o gobierno actual, ya que en los hechos y con las capacidades que tiene para actuar de tal forma, se refleja algo distinto. Para mí esto puede ser un poema, pero no es una utopía, ni un proyecto a emprender, ni mucho menos y en ningún sentido es una idea, la idea es solo la parte intangible que te ayuda a decidir. La construcción de este poema es la realidad sin más. Y se esta trabajando mientras acá escribimos. Ojala eso sirva de algo. Pero no. Sólo ayuda con el primer paso, la revolución individual para romper con lo individual. Ayuda a comprender que puede existir una libertad colectiva y una posibilidad de cambio, que tal es, a mi parecer el legado de Marx: demostrar que existe una posibilidad de cambio.








