Democracia

  • Los hombres y las batallas
    Éste es el ensayo con el que gané una mención honorífica en el concurso Caminos de la libertad para chavos. Según el contrato que me hicieron firmar, creo que no tengo derechos sobre mi obra, pero, qué cosas de la vida, éste es un blog anarcocapitalista que no cree en la propiedad intelectual ni en las patentes.

    Claro, no me dieron ningún premio monetario porque 1) me calificó un escritor mejicano de izquierda - y se suponía que era un concurso liberal (¿?) -, 2) querían poemas y cuentos porque difundir ensayos para jóvenes es muy difícil en este país de gente que ni leee y que ni de poesía ni de narrativa entiende (pero obviamente es más divertido leer un poema cursi que un ensayo económico), 3) querían representar con los ganadores las exigencias de la gente de mi edad (sexo, grafitear, sexo, sexo gay, arte, libertad sexual) y a mí me importaba la propiedad privada, 4) siendo sinceros, en estos tiempos de crisis casi nadie cree en el libre mercado.

    En fin, aquí va:

    Freedom is indivisible. As soon as one starts to restrict it, one enters upon a decline on which it is difficult to stop.
    LUDWIG VON MISES

    The Marxians love of democratic institutions was a stratagem only, a pious fraud for the deception of the masses. Within a socialist community there is no room left for freedom.
    LUDWIG VON MISES

    Recuerdo con gusto la que es acaso la mejor novela del siglo pasado escrita por un autor latinoamericano: La guerra del fin del mundo de Mario Vargas Llosa. En ella se relata el devenir de Canudos, un pueblo de gente pobre que es comandada por Antonio Conselheiro, un líder que, apoyándose de la religión, forjó una suerte de comunidad socialista en la espesura de las selvas de Bahía. Hacia Canudos marcha Galileo Gall, un anarquista escocés que, salvo por los tintes religiosos de la insurrección, ve en este pueblo un ideal de libertad y felicidad. Dicho movimiento se da en el marco de la reciente instauración de la república en Brasil. Toda la historia que Vargas Llosa teje, con sus múltiples vertientes como ya es característico de su prosa, como si de afluentes de un gran río se tratase, y que se basa en un hecho real, es muestra de una gran tragedia de nuestro tiempo: la libertad que está a merced de los líderes carismáticos – como los definiera Weber –, los ideales románticos cuyo disfraz políticamente correcto de emancipación no es sino una capa atractiva que esconde una naturaleza peligrosa.

    Por otro lado, esta novela no sólo nos advierte implícitamente que el caudillismo es una de las barreras principales que, de vez en vez, se erigen en las sociedades. También en el fondo de la narración yace la idea de que sin propiedad privada – entendida como base de la libertad de mercado, pero también de ideas, expresión y autodeterminación de la propia individualidad – las sociedades están condenadas a vagar por los caminos más brumosos e inciertos.

    Hay una tradición muy bien identificada que se opone ferozmente a estos preceptos, y no es otra que la que viene de Marx: el espíritu colectivista que haya sus orígenes en la retórica materialista y socialista. Casi sin darnos cuenta, estos argumentos en contra de la libertad siguen en boca de líderes que, en nombre de la justicia, claman por una manera nueva de organizar el mundo. Esto, no obstante, sería un revés a lo que ya un pensador norteamericano nos había comentado:

    En El fin de la Historia y el último hombre, publicado en 1992, Francis Fukuyama estableció que, tras la caída del muro, la lucha de ideologías había acabado y que la democracia liberal había resultado el único tipo de organización de la sociedad viable. Comentaba, en oposición a las tesis marxistas y materialistas, que hasta antes del derrumbe de la cortina de hierro el motor de la historia no había sido la lucha de clases, sino de ideologías. Superado el comunismo, lo único que restaba para las nuevas generaciones sería consolidar el aparato institucional que salvaguarde la democracia liberal.

    Hablando de batallas, el siglo pasado fue especialmente importante. Una de las grandes pulsiones del hombre, a lo largo de la historia, ha sido la lucha por la libertad. Antes la gran muralla a la que los individuos tenían que enfrentarse era el esclavismo, pero ahora los retos son fundamentalmente distintos y llenos de matices. De hecho, la libertad ha sido entendida de tantas manera que ahora resulta difícil volver a la acepción original de la misma.

    Vale la pena detenerse en este punto y regresar más tarde. A decir verdad, el término liberal, al menos en los países latinoamericanos y de habla inglesa, es de una ambigüedad aterradora. Para el mexicano un liberal es aquel con posturas de izquierda y que defiende la libre asociación sentimental y sexual, que por antonomasia se opone al espíritu conservador que hoy se llama, también de manera vaga, neoliberalismo, con todas las ideas económicas que éste propone. Atrás quedó la idea que venía defendiéndose desde la época de Adam Smith, donde el liberal era profundamente contrario a la coacción de los estados y un defensor a ultranza de la propiedad privada.

    Es claro que la libertad no puede reducirse a un solo ámbito, sino que debe abarcarlo todo, impregnar a la sociedad en su totalidad. Precisamente aquí está la primera afrenta que, en nombre de esa tradición marxista, tuvo que sufrir la libertad. El socialismo fue la búsqueda de la emancipación de la clase obrera de las garras del capital. Por razones históricas – y quizá sobre todo de retórica – se legitimó esta lucha hasta que se recompuso el significado de la libertad.

    No es sorpresa que la corrección política tenga siempre que ver con esta causa algo romántica – en el verdadero sentido europeo de la palabra, tal y como la literatura de aquel entonces: un afán desesperado por huir de la gran ciudad y aferrarse a una vida menos asfixiante que, curiosamente, siempre devino tragedias. Desde el socialismo utópico hasta el científico ya había estas ansias de cambiar la realidad y buscar no tanto la libertad sino lo justo e igualitario, como bien dice la máxima marxista: De cada cual según su capacidad; a cada cual según sus necesidades. Este afán de justicia social se puso en contra del individualismo y favoreció al espíritu colectivo, que ya venía implícito en la definición marxista de lo que él llama las relaciones sociales de producción.

    Para tales efectos, la herramienta de esa búsqueda de la igualdad se cimentó en el Estado. Si bien es cierto que el comunismo planteaba la desaparición de las clases sociales con la consecuente muerte del Estado, ése debía construirse mediante un medio distinto de operar la sociedad: socializar la propiedad privada y planificar la economía por medio de un órgano central que sería el Estado obrero.

    Sobre la propiedad el gran economista austriaco Ludwig von Mises – quizá el más olvidado y el más brillante del siglo pasado – dijo: Si la historia nos pudiera enseñar algo, nos enseñaría que la propiedad privada está inseparablemente ligada a la civilización. No es sólo la tenencia de medios de producción o mercancías, sino de algo espontáneo que los hombres adoptan para sí. Propiedad privada implica no sólo materia, sino ideas, pensamientos, una capacidad innata para interactuar con nuestros semejantes. Como tal, la vida y el pensamiento son la propiedad última que ningún régimen puede quitar.

    Muchas veces se tiende a desestimar el papel vital que en la sociedad juega la libertad económica, lo cual en sí mismo es una contradicción irresoluble para todos los regímenes que buscan limitar este derecho fundamental y espontáneo. La meta de todo aquel que busca la libertad es aprehenderla y entender que el binomio de los dos planos de libertad – social y económica – son los pilares del desarrollo de los hombres.

    El colectivismo es una barrera al hombre emprendedor que, en su búsqueda por la libertad, fue en algún momento oprimido en nombre de una pretendida igualdad que se tradujo en el totalitarismo de las naciones que se escondieron al este de la cortina de hierro. No es que jamás haya existido el verdadero socialismo como muchos románticos dicen, sino que sencillamente el error teórico que supuso el colectivismo como valor moralizador de la sociedad fue el encargado de mostrar la cara que adopta la realidad cuando un principio tan fundamental para el hombre, como la propiedad, es limitado. Así pues, el de Marx y sus herederos fue un largo periplo a través de la historia que desembocó en la hegemonía totalitaria de la Unión Soviética.

    Hoy que tanto se dice que se ha agotado un modelo habría que pensar si realmente estuvo presente la maquinaria de la libertad en el entramado económico y político. Las crisis, las catarsis de todo un sistema, no son la prueba inequívoca de la inutilidad del mercado o la propiedad, sino la muestra de que cada día hay entramados más complejos que afectan el funcionamiento mismo de la acción de los mercados. Sin ahondar en el tema, es muy interesante lo que el economista español Jesús Huerta de Soto – heredero de Mises – explica al rastrear las crisis en la manipulación del mercado de dinero por medio de políticas de crédito expansivas – o de crédito barato –, lo que es un signo inequívoco de una tradición que parece retomar la idea de la planificación central de un sector de la economía como algo vital.

    ¿Quiere decir esto que con la caída del muro – como metáfora de toda una generación luchando – se han terminado las batallas que los individuos tienen que librar para ganar la libertad? Sería muy ingenuo pensar que sí, que éste es un fin de la historia definitivo. América Latina es muestra de los grandes asuntos pendientes: es como un espejo en el que se reflejan las figuras de los nuevos líderes carismáticos que, retomando las viejas doctrinas que dividieron el mundo, se muestran como los nuevos representantes de aquellos ideales inspirados en figuras como Fidel Castro o el mismo Ernesto Che Guevara – máxima insignia de la intolerancia divinizada de la que los sentimentales se han enamorado a tal grado de volverlo la imagen que mejores ganancias deja en el mercado de las camisas que muestran su imagen altiva y mirando hacia el horizonte.

    Lo que yace en la mesa de nuestra sociedad es la duda de si Latinoamérica no ha llegado demasiado tarde a la historia, si, por alguna razón, se prepara para vivir una suerte de guerra fría atrasada, al menos en el plano de las ideologías con la clara división de las dos grandes tendencias. Quizá éste sea sólo un capítulo en la gran novela de los hombres y la libertad que la nueva generación de liberales debe protagonizar.

    Aquí es precisamente donde entra en juego el papel de los jóvenes para determinar el devenir de la sociedad.

    Hablando a título personal, mi generación ya no recuerda la guerra fría porque ni siquiera tuvo que vivirla. Esta juventud postmuro es especialmente interesante porque ha crecido en un ambiente más libre, acaso menos sombrío, pero que a la vez ha terminado por despolitizar y borrar esos ideales de sociedades perfectas, por lo menos en el aspecto más general de lo que somos. El genial escritor mexicano Álvaro Enrigue decía en una entrevista que, en general, las personas tras la caída del muro se han dosificado y entibiado. Haciendo referencia al título de la obra de Fukuyama, probablemente éste sea el espíritu general de los últimos hombres.

    Aquí hay dos matices que se pueden extraer del cuerpo del sentimiento contemporáneo de los jóvenes. El primero es que resulta positivo el hecho de habituarse a una sociedad donde lo que prima es el orden institucional y no la violencia para decidir la manera en que todo el ámbito social debe organizarse; lo segundo, en contraposición, es que se genera un clima confortable donde pareciera que ya no es necesaria esta fuerte carga ideológica en las mentes jóvenes. Precisamente, habría que resarcir este segundo aspecto, pues de lo contrario las personas serían siempre vulnerables a la aparición de líderes carismáticos que, aprovechándose de esa apatía, pueden tener la capacidad de esbozar una nueva afrenta a la libertad.

    El caso latinoamericano es esquemático y esclarecedor: la figura de Chávez, como antítesis de la democracia y sobre todo la libertad, retoma las viejas ideas de justicia social, apoyado en el sentimentalismo latino, para argumentar un mundo diferente libre de las garras del capital y – aquí es donde aporta algo nuevo y que ha puesto de moda – del imperio.

    La juventud, en todo caso, parece no haber sido tomada del todo desprevenida, ya que es común encontrar proclamas por la libertad en este clima de coerción.

    Los jóvenes están rodeados de un mundo donde ya todo es diferente y las formas de expresión adoptan las facetas más inesperadas y creativas: la poesía, por ejemplo, puede ser incluso un esténcil huérfano en una gran avenida. Esta creatividad es la que permite, en primera instancia, divisar el camino de la libertad.

    Finalmente este concepto que ya tanto hemos caracterizado – tanto en sus acepciones económicas, como políticas, sociales e incluso, en un breve guiño, artísticas – puede ser en sí misma una gran metáfora: decir que, por ejemplo, es como un gran huracán que toma con su furia los muros de un enorme laberinto en el que el hombre que buscaba la salida puede ahora ver en todos los espacios una posibilidad. De eso se trata la batalla de los hombres en el marco de los constantes embates de aquellos que, de las cenizas de un trágico pasado, quieren elevar un nuevo conflicto contra nuestro estado más natural y fundamental: la libertad individual.

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  • En contra del alza de impuestos: teoría económica
    Sorprende que por la supuesta - y tantas veces refutada por la experiencia - filiación neoliberal del actual gobierno de México, el día de hoy, en medio de una recesión de la que este país ha sido uno de los más afectados, se proponga un paquete económico que cotempla un alza de impuestos. Aquí hay dos lógicas: resarcir el boquete fiscal del que tanto se ha hablado e impulsar la economía mediante el gasto público. De este tema ya hablé muy por encima en Libertarios mexicanos, pero aquí pienso hacer un poco más exhaustiva la explicación de por qué el alza en los impuestos es un sinsentido económico.

    Para esbozar el argumento necesario para la crítica al modelo económico actual, me basaré en dos modelos bastante conocidos dentro del mainstream - si bien el segundo suele quedar relegado por su carácter algo primitivo, en el sentido de que es bastante más abstracto y subjetivo que el primero. Finalmente, integraremos los modelos y daremos una conclusión desde un punto de vista liberal e incluso utilitario - y aquí aclaro que ni siquiera me agrada del todo el utilitarismo a ultranza.

    La curva de Laffer

    Sobre este modelo existe una vasta literatura. En las matemáticas las demostraciones que son mejor vistas por la comunidad son las más elegantes. Así, en la economía podríamos decir que un buen modelo debe ser, ante todo, sencillo, explicativo y, claro, elegante[1]. La curva de Laffer cumple estas condiciones necesarias. Nacida de una plática en algún bar, en la que Arthur Laffer la dibujó en una servilleta, esta curva con forma de parábola invertida nos muestra la relación que existe entre el tipo impositivo y la recaudación:

    Cuando la parábola se encuentra con su máximo, es cuando la recaudación de impuestos se vuelve más eficiente. Como podemos ver, eso no sucede precisamente cuando el tipo impositivo es el más alto. Lo que el modelo explica es que una exagerada presión tributaria no revierte en mayores ingresos, ya que en esos casos lo más probable es que los individuos descubran mecanismos para evadir dicho pago o simplemente se busquen condiciones más favorables como los paraísos fiscales.

    Esto se muestra muy bien en el gráfico. Cuando la recaudación es muy elevada - esto aquí se representa en t3 - el ingreso que obtiene el gobierno es apenas Y3, es decir, un nivel por debajo del óptimo. Lo recomendable en este caso sería que se redujera la carga impositiva para que las arcas del Estado se llenaran.

    Una de las grandes críticas que se le ha hecho a la curva de Laffer es que se trata de un modelo que pretende justificar siempre la relajación tributaria. A modo de contraejemplo siempre se ofrecen algunos datos sobre el período de la presidencia de Reagan en Estados Unidos, donde después de la rebaja de impuestos la recaudación no aumentó significativamente. De cualquier manera, ésta es una crítica muy fácil de ser refutada: lo que realmente explica la curva de Laffer es que ni un tipo impositivo muy bajo - caso Estados Unidos en los ochenta - ni uno demasiado alto llevan consigo una recaudación máxima. Así pues, la curva de Laffer es, ante todo, un modelo de la eficiencia económica que, más allá de divergencias ideológicas, se muestra muy fuerte cuando es contrastado con la realidad:

    En ese sentido, y para tomar algo de evidencia empírica con el fin de que esto no se quede en meras abstracciones, el caso de Islandia es muy interesante, ya que se tiene constancia de que de 1991 a 2001, con el tipo impositivo cayendo de manera gradual desde un robusto 45% hasta un 18% los ingresos fiscales se triplicaron[2].

    La segunda crítica recurrente a este modelo es que no existe nada que nos indique cuál es el tipo impositivo que garantiza la maximización del dinero captado por el gobierno. Es cierto, la economía en su comportamiento cotidiano no tendría por qué reflejar una curva de Laffer perfectamente caracterizada por una parábola de la que sea muy simple hallar el máximo mediante un par de derivadas. De hecho, tampoco existe nada que demuestre que esta curva sea en realidad simétrica - cuando lo más probable es que presente un sesgo. Por otro lado, también se comenta que es absurdo que a un tipo impositivo infinito no se corresponda con algún grado de recaudación. Esto, no obstante, es una obviedad: para resolver el problema sólo falta hacer una gráfica asintótica al eje de las abcisas.

    Más allá de estas precisiones, la curva de Laffer es un modelo de perfecta validez teórica y empírica. En realidad, como en casi todos los modelos mainstream, el pecado principal viene del lado del policymaker o del mismo economista que toma la representación gráfica como un comportamiento inequívico y a priori de la realidad[3].

    La curva de Armey

    Acaso menos conocida, la curva de Armey es también un bello modelo que explica la relación que existe entre el gasto del gobierno con el crecimiento de la economía. Esta gráfica fue ideada por un congresista republicado en las últimas décadas del siglo pasado.



    Como es evidente, éste es un modelo en última instancia estatista, aunque ése es el menor inconveniente en estos momento. La gráfica muestra que en ausencia de una insitución que garantice los derechos de propiedad el crecimiento sería muy bajo - Armey, como político, identifica esto como una sociedad anárquica donde es fácil que se caiga en un estado donde no se respetan los contratos privados y se caiga en la corrupción; este apartado, claro, es discutible - pero también nos enseña que la maximización del crecimiento económico no se da cuando el gasto público es más grande: a partir de un punto el Estado, más que garantizar las condiciones de libre emprendimiento y desarrollo económico, crea trampas en que los incentivos al crecimiento son tan bajos que se crea un clima de corrupción e ineficiencia[4].

    En este caso, las críticas vienen sobre todo del lado keynesiano que históricamente ha defendido los déficits públicos y los elevados gastos para potenciar el famoso multiplicador[5]. También se dice que este modelo no tiene validez porque esta representación gráfica no se dio en un contexto de rigurosas deducciones matemáticas. Sin embargo, nada garantiza que un modelo cuyo desarrollo matemático sea correcto refleje el comportamiento de la sociedad. Por otro lado, la falacia de los multiplicadores del gasto puede verse contrastada con datos que sí son reales:



    La contundencia de las cifras en este caso deja sin muchos argumentos a los apoligistas del multiplicador del gasto público y demuestra que algo de razón hay en el modelo de Armey.

    Un doble modelo de Laffer-Armey

    Como ya hemos explicado, la curva de Laffer es un modelo de la eficiencia en la recaudación de impuestos, mientras que la curva de Armey muestra cuánta es la eficacia del gasto público para la determinación del crecimiento económico. Siendo dos modelos creados de manera independiente, estos pueden integrarse para mostrar de forma general la relación existente entre la recaudación - pilar del gasto - y el crecimiento.



    En este modelo vemos que el punto máximo de crecimiento no corresponde con la mayor recaudación. Si se tiene una política económica cuya meta sea la obtención de mayores recursos el crecimiento se compromente. Lo que vemos es que si el gobierno maximiza ingresos, la economía sufre un impacto negativo.

    Se podría decir que la forma de estas curvas que mutuamente se relacionan es arbitraria, pero, a diferencia de muchos modelos cuyo único sustento es una serie de derivadas parciales, la lógica económica, como ya dije en un artículo pasado, explica lo siguiente en un contexto de impuestos excesivos:

    En todo caso, las crisis requieren que el ahorro crezca para que en un futuro los recursos puedan ser reasignados a modo de inversión. El exceso de impuestos sólo logra que la productividad sea castigada y que, por tanto, no haya incentivos para que los empresarios reanuden con intensidad la actividad económica. En cambio tienen que elevar precios para compensar sus pérdidas, a lo que la demanda responde con una caída - una ley de primer semestre. Si los empresarios no pueden recuperar sus ganancias de ese modo, no queda de otra que reducir el personal.

    Como vemos, aquí las justificaciones recaen en la lógica de la realidad. De hecho, es lo que se ha estado diciendo: un alza en los impuestos siempre tiene como consecuencia una productividad disminuida.

    Conclusiones

    De este modelo que hemos integrado, podemos esbozar dos panoramas a seguir para el caso mexicano, que es el que nos compete en estos momentos, aunque puede ser generalizado a cualquier otra economía:

    1. Si lo que el gobierno busca es maximizar sus ingresos, entonces parece que los mecanismos de recaudación deben ser distintos. En este caso, por ejemplo, resultaría más efectiva una alza en los impuestos directos - como el ISR - del que las personas no se pueden escapar a menos que dejen de trabajar. Es menos nocivo, pero menos eficiente, el aumento en los impuestos indirectos, porque de esos el contribuyente se puede escapar si sacrifica su consumo. En cualquier caso, las consecuencias serían unas finanzas públicas algo más equilibradas, pero con un nulo crecimiento económico.
    2. Si lo que se busca es tener un crecimiento más alto en una época de crisis, entonces lo más recomendable sería relajar la carga impositiva para que la productividad no se viera castigada. Esto, a su vez, repercute en los niveles de empleo y bienestar. Por otro lado, la mexicana no fue una crisis propiamente financiera sino una que apareció como una segunda oleada, que fue la que se exportó al mundo desde las economías cuyos sistemas financieros estaban más desarrollados. En ese sentido, la recuperación interna sólo puede ocurrir en un contexto de mayor inversión.
    Quedaría por dilucidar cuál es la opción que más le conviene a México, aunque es bastante evidente que el segundo caso es mucho más deseable. Quizá así dejaríamos de ser el país latinoamericano con el menor crecimiento económico.

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    [1] Más ejemplos, aunque de carácter muy distinto, podrían ser el Triángulo de Hayek o el modelo IS-LM de Hicks.
    [2] Un artículo interesante que habla de este tema puede ser encontrado aquí.
    [3] Afortunadamente la escuela austríaca, haciendo uso de algunos modelos mainstrem, nos puede ofrecer un panorama muy amplio de la realidad sin necesidad de dar por hecho la infabilidad de dichos modelos.
    [4] Aquí Mises corroboraría esta deducción mediante el teorema de la imposibilidad del cálculo ecónomico bajo el socialismo o las dificultades que se presentan en los sistemas altamente intervenidos.
    [5] De cualquier forma, la teoría de los multiplicadores fue refutada por Murrary Rothbard en su libro Man, Economy and State. Esta misma reducción al absurdo fue más tarde popularizada por Henry Hazlitt en su libro The Failure of the New Economics.

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  • Seminario de economía austriaca I
    Hace unos días ocurrió algo sin precedentes en la facultad de economía de la UNAM: el doctor Miguel Alonso Neira, catedrático e investigador de la Universidad Rey Juan Carlos, vino a impartir un seminario de cuatro sesiones sobre la escuela austriaca de economía en el contexto de la crisis actual. En todo el mundo las principales vertientes de la economía son dos más una curiosidad: la teoría neoclásica, la keynesiana y, por último, el pensamiento marxista. A la escuela austríaca se le ha relegado y ni siquiera está presente en la mayoría de las aulas. No se diga en la UNAM, que es un recinto del marximo y el keynesianismo.

    El seminario se dividió en cuatro apartados principales: 1) La macroeconomía del mercado de divisas; 2) Los modelos de crisis monetarias y financieras de los últimos treinta años; 3) La teoría del ciclo monetario endógeno; 4) La primera crisis globlal del siglo XXI: la crisis subprime. Todos los módulos fueron especialmente interesantes porque, si bien se abordaron con una visión crítica, lograron mostrar la relación que la escuela austriaca tiene con el mainstream y que en éste hay ciertos destellos de lucidez que están retomando planteamientos de las viejas tesis miseanas y hayekianas. Sobre todo fueron geniales las últimas dos sesiones que, apoyadas en la aproximación que Roger Garrison ha hecho, esclarecieron los tópicos más importantes de la economía en los últimos años.

    Por todos es sabido que ninguna teoría del mainstream fue capaz de predecir la crisis subprime y que, en todo caso, se han estado dando explicaciones sólo después de que ésta se volviera como un fantasma que se apodera de todos los países desarollados. La teoría austriaca, en cambio, fue la única que predijo años atrás con gran certeza la crisis que estamos viviendo. Esto deja una pregunta en el aire: ¿es que acaso en las últimas décadas la teoría económica dejó de ser importante para favorecer a las lúcidas demostraciones matemáticas? Si no es así, ¿entonces por qué con todos los avances de la economía no se pudo dar con la clave para prever un periodo de crisis? Eso, en el peor de los casos, sólo podría reivindicar el viejo argumento keynesiano de los animal spirits que llevan a los empresarios a cometer actos irracionales. Por otro lado, los neoclásicos dicen que esto se debe a misteriosos shocks externos y reales que atacan a la economía. Es más, uno de los únicos modelos interesantes es el que Minsky propuso que, como veremos, tiene mucha relación con el de la escuela austriaca, aunque al final se ve afectado por errores muy básicos.

    Lo que a continuación intentaré hacer será desglosar un poco lo visto en el seminario para ofrecer a los lectores (y también a mí) un panorama más amplio, aunque resumido, limitado y lejos de toda rigurosidad, de la ciencia económica.

    LA MACROECONOMÍA DEL MERCADO DE DIVISAS

    1.0 Premisas

    Antes de abordar los temas principales, se debe partir de una premisa que servirá de hilo conductor a través de los postulados de la teoría austriaca: tal como está concebido, el sistema bancario presentan un problema de iliquidez debido al sistema de banca fraccionaria, y, por lo tanto, hay una constante inestabilidad.

    En pocas palabras, la banca de reserva fraccionaria no es más que la lógica bajo la que trabajan todos los bancos modernos: existe siempre un requerimiento mínimo de reserva que se debe conservar sobre los depósitos que se hacen. Es decir, del total del dinero que ingresa al banco una pequeña parte debe quedar como reserva, lo demás puede ser prestado en plazos cortos y largos. Esto implica que los bancos tienen una capacidad expansiva en cuanto a dinero fiduciario. El problema radica en que esta constante iliquedez puede generar insolvencia en los momentos catárticos. Si, por ejemplo, llega una crisis y los créditos caen en impago y los individuos exigen sus depósitos de vuelta, el banco puede no tener con qué afrontar tal escenario, de tal manera que sólo hay dos opciones: una venta de activos o el rescate de banco central.

    Otra premisa importante es que si el mercado financiero es de alto riesgo se debe a la sobrerregulación que existe sobre él, y es que el hecho de tener una normatividad tan protectora que las ansias por el riesgo se convierten en un deporte debido a las malas políticas monetarias que adoptan los bancos centrales. En ese sentido, estaríamos desimiento la tesis de que esta crisis se debió por una falta de regulación. El problema, en realidad, se debe a que la regulación era excesiva y mala.

    En Estados Unidos, por ejemplo, con la eliminación del acta Glass Steagal la banca comercial y la de inversión, antes separadas, se unieron en claro detrimento de la segunda. Es decir, se mantuvo una sola regulación que no respondía a las necesidades de la banca de inversión y que favorecía a la comercial. En sí misma esta competencia es completamente saludable, el problema se da en la disparidad de la regulación que obliga a la débil banca de inversión a innovar para hacerle frente a dicha competencia. Es decir, esta banca no estaba bajo el amparo de la FED.

    1.1 Ventajas y desventajas de la globalización financiera

    En este apartado se pueden rastrear cuatro períodos en los últimos ciento treinta y cinco años de regímenes monetarios.
    1. 1870-1914: El patrón oro. Esta estructura se caracterizó por una fuerte disciplina monetaria. Además, se facilitó la integración de mercados de capital. Es a partir de aquí que se puede hablar de una primera expansión globalizadora que vino caracterizada por un auge sin precedentes.
    2. 1919-1939: Cambio de paradigma tras la crisis. Si bien el patrón oro no desapareció sí fue ignorado en los Estads Unidos con el inicio de la Primera Guerra Mundial y el paso de esa nación de ser prestamista a la gran acreedora. Esto fue posible gracias a la expansión monetaria sin control y que posteriormente devino la Gran Depresión.
    3. 1945-1971: Bretton Woods. Se intentó reconstruir la economía para retomar la integración. Hubo controles de capital para impedir las crisis cambiarias y preservar una autonomía en el uso de las políticas monetarias con fines de estabilización interna. Estos tiupos de cambio fijo trajeron problemas de tríada incompatible.
    4. 1971 hasta nuestros días. Aquí se prefirieron los tipos de cambio libre. Se pasó de una economía dominada por el keynesianismo hacia una orientada por el monetarismo. A partir de aquí la globalización financiera se aceleró. Hubo una importante modernización en las telecomunicaciones, reduciendo así los costos de información. Se relajaron los controles de capital (liberalización financiera).

    Sobre esta liberalización se puede decir que ésta favoreció a la asignación y traslación de recursos. Contrario a lo que muchos piensan, con la globalización se dispararon los niveles de inversión en casi todos los países del mundo y también hubo un importante aumento en el producto per cápita generalizado, aunque éste se incrementó mucho más en los países de primer mundo. Lo siguiente se puede ver en los siguientes gráficos que demuestran el incremento en la inversión en casi todos los países del mundo de manera importante, así como la evolución del producto per cápita:



    Como se puede ver, los niveles de bienestar aumentaron desde que apareció la tendencia liberalizadora.

    1.2 Inconvenientes

    Las crisis tardías de los noventa rompieron el consenso sobre las bondades del proceso de liberalización financiera, lo que revivió las viejas ideas de la intervención. Como respuesta a estos problemas, se tomaron en cuenta propuestas conocidas como la Tasa de Tobin (impuesto a las transacciones del mercado cambiario), misma que viene de una propuesta que Keynes esbozó en su Teoría General.

    De aquí se pueden sacar varias conclusiones: el sistema financiero es un sistema inherentemente inestable como consecuencia de sus propias instituciones. La especulación, a diferencia de lo que decían Keynes y Friedman, no es necesariamente o estabilizadora o desestabilizadora; los matices que ésta adquiera muchas veces responden a la distorsión causada por los gobiernos, muchas veces inspirados en modelos económicos que suelen inducir al error por no ajustarse a la realidad. De aquí nace la necesidad de desarrollar otras propuestas como fueron lo modelos de primera, segunda y tercera generación: en los primeros, por ejemplo, se explica que las crisis responden a las políticas monetarias.

    En todo caso, también se presenta una inestabilidad entre objetivos internos y externos en los países. Este dilema en la mayoría de los casos se resuelve favoreciendo las pretensiones internas de las naciones aunque éstas no vayan en concordancia con los acuerdos internacionales o con las necesidades de la moneda. Un ejemplo muy claro de ello son las crisis cambiarias que se dan por una falta de reservas de divisas. La situación puede ser resuelta mediante dos cosas: una devaluación o un fortalecimiento temporal de la moneda a fuerza de agotar las pocas reservas que quedan. Evidentemente, la segunda opción es la que suele ser elegida por los gobiernos mientras se vea viable, aunque el escenario final, en caso de una mala administración, es siempre la necesidad de devaluar.

    Este mercado financieron intrínsecamente inestable, que además es el más regulado, adolece de una mala supervición. A decir verdad, a lo que se tiende es a generar lo que en jerga inglesa se conoce como crony capitalism, o capitalismo de compadres: el nuevo esquema económico y político va en relación directa en el sentido de que es el Estado quien, discrecionalmente, favorece la creación de monopolios privados, por poner un ejemplo que en Latinoamérica se conoce de sobra. En realidad, lo que se critica del neoliberalismo no es más que la alianza que el estado, ya sea por diversos intereses de orden electoral o de pura convicción, mantiene con ciertos sectores de la economía. Se entiende, además, que una vía para abandonar los problemas en la economía es necesario que los gobierno no remen en contra de la tendencia de los mercados.

    La crisis actual, a decir de muchos, se debe a que existe un fallo inherente en la mecánica del capitalismo, pero lo que nos muestra la experiencia reciente es que estos problemas han llegado justamente en el mercado financiero, que es el que está más protegido. Además, la sola idea de que los estados se encargan de rescatar a los inversores que incurrieron en proyectos riesgosos y fallidos convierte la especulación desestabilizadora en algo muy rentable.

    Hasta aquí los hechos sobre la naturaleza de la globalización financiera en el contexto de la crisis que vivimos. El papel de la escuela austriaca en este apartado es el de alertar sobre la debilidad que tanto la banca de reserva fraccionaria y la inestabilidad de un sistema financiero sobrerregulado suponen en el entorno de la lucha por la libertad económica.

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  • Lectura de las recientes elecciones en México
    A estas alturas ya se conocen los resultados de las elecciones legislativas en el país y de las que involucraron a gobernadores de varios estados. No es nada que no esperáramos, ya que muchas encuestas nos daban un panorama claro de lo que habría de pasar: el PRI ha vuelto con más fuerza que nunca y se perfila como la gran mayoría en la cámara de diputados, además de que ellos controlarán un buen número de estados de la república. Adicionalmente, el PSD, como ya se había predicho, perdió su registro. En cuanto al voto nulo, que sin duda alguna fue uno de los protagonistas de las discusiones de estas últimas semanas, terminó con un 5.3% de la votación total. Históricamente el porcentaje giraba entre el 2 y el 3%, contando a la gente que se equivoca al momento de tachar la boleta. Estos resultados merecen varias lecturas, así que vamos a explorar algunas propuestas.

    Que el Partido Socialdemócrata haya perdido su registro no es sorpresa, ya que siempre estuvo fluctuando entre el 2 y el 1% de las preferencias de votación en las diversas encuestas y a eso hay que añadirle el margen de error. Esto puede deberse a muchas cosas: 1) ésta fue una agrupación política que comenzó sus días con el nombre de Alternativa Socialdemócrata y Campesina, pero debido a los problemas con el sector campesino se suprimió el nombre y quedó como Alternativa Socialdemócrata y después, en un giro inesperado, cambió nuevamente de nombre y de logo - se volvió rojo - y se convirtió en el Partido Socialdemócrata de México, y no contentos con eso al final resultó siendo simplemente Partido Socialdemócrata. La presidencia del partido cambió de una manera dudosa, por lo que muchos perfieron fe en el proyecto. Esto derivó en que la gente no pudiera llegar a sentirse del todo identificada con el partido. 2) México sigue siendo un país latinoamericano, de tradición conformista y conservadora. Si bien la campaña liberal - en términos sociales únicamentev - fue bastante interesante, ésta chocó con la moral de la gran mayoría de los mexicanos. Máxime si a esto añadimos que en las filas del partido había personajes exiliados de otras agrupaciones políticas, modelos que le apuestan a su vulgaridad y libertad sexual, y un par de señoras radicales. El error, pues, fue pensar que México es Europa.

    La legalización de las drogas es un asunto pendiente en éste y en casi todos los países del mundo, pero está lleno de prejuicios que en la mayoría de los casos se sustentan en posiciones morales que, aunque no tengan mucha validez argumental, trastocan la identidad de las personas. El discurso de la libertad es uno muy delicado. De cualquier forma, el PSD se encargó de tener como voceros a gente tan poco apta como Tere Vale, una psicóloga que luego se hizo periodista y eventualmente política. En todas las entrevistas que daba comparó al presidente Calderón con Alberto Fujimori e incluso advertía que dentro de muy poco era probable un autogolpe como el perpetrado por el peruano. Los del PSD se encargaron de decir que el voto nulo iba a desembocar en el fujimorazo, lo cual resultó poco efectivo porque en México o bien no se conoce la historia como tal del período en que gobernó Fujimorio o se tiene sólo constancia de que él y Laura Bozzo eran amigos. El mexicano común tiene una mala imagen del chino, pero ni siquiera se sabe de qué lo acusan - quizá muchos crean que porque quiso reelegirse -, cuando lo cierto es que todo se debió a su lucha contra el terrorismo en el Perú, misma que, se quiera aceptar o no, fue efectiva - muy al contrario de la lucha de Calderón contra el narcotráfico.

    A esto hay que sumarle el argumento del perverso voto nulo: que si lo único que logró fue fortalecer al PRI, que si por culpa de ese monstruoso cinco por ciento el PSD no alcanzó el registro, que si se tracionó a la democracia, etc. Los ad nauseam no se harán esperar. Por otro lado, muchos son los analistas que tratarán de difamar este movimiento, ya que apenas se logró que un cinco por ciento de los anulacionistas (sic) se impusieran, de los cuales muy seguramente el 3% fue un grupo de personas débiles de vista o con serios problemas de retraso mental que se equivocaron a la hora de emitir su voto, al tachar varias opciones o salirse del recuadro por culpa de diversos males, como el parkinson o cualquier otro problema de coordinación motriz. Pues no, si se mira con atención la gráfica veremos que el voto nulo superó a cuatro partidos políticos y eso no es, de ninguna manera, un error generalizado, sino una voluntad bastante marcada. ¿De qué sirve el voto nulo? No sirve para nada, es tan inútil como ir a votar por un candidato que de antemano sabemos que no va a ganar y, como tal, tiene la misma legitimidad.

    Por lo demás, es muy curioso que una serie de analistas estén preocupados por el crecimiento del Partido Verde, que se quedó con un 6% de las votaciones, lo que lo posicionó como la cuarta fuerza política - históricamente siempre lo fue, basta tener memoria para saberlo - y relativamente a pocos pasos del debilitado PRD. Lo que le escandaliza a la gente es que, contraviniendo los postulados de los partidos verdes de todo el mundo, éste es un partido de derecha - extrema derecha diría un paranoico que sólo por estar sentado en una mesa de discusión se sintió apto para emitir un juicio - que aboga por un tema polémico: la pena de muerte. Si siguiéramos esa lógica, igual de preocupante es el alza del PT que, además, e increíblemente, ganó una de las delegaciones del DF. Y es que este partido no es otra cosa que una agrupación marxista que aboga por la socialización de la propiedad privada[1]. Esto sin mencionar que también es un partido que ha servido a López Obrador para seguir transmitiendo su mensaje.

    El corolario de todo esto es que, como suele ocurrir en México en todas las elecciones intermedias - no nos hagamos -, la población manifestó su rechazo a la incompetencia de Calderón, ya sea por su lamentable manejo de la economía o de su afán por combatir el narcotráfico de una manera por demás absurda.

    A título personal lamento que solamente el PSD perdiera el registro, ya que debió irse junto al indefinible e improbable Convergencia, que no es otro partido pequeño que sólo sirve para alojar a los títeres políticos del movimiento de López Obrador.
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    * La tabla muestra los resultados electorales con un 99% de las actas, por lo que, para efectos prácticos, éste es el resultado general de las elecciones legislativas de 2009.
    [1] Basta con leer su plan económico para constatar que siguen hablando de plusvalor y de explotación capitalista: Economía y Desarrollo.

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  • ¿Golpe de Estado Honduras?
    Es necesario hacer unas aclaraciones importantes desde esta bitácora antes de pasar a comentar brevemente sobre los recientes sucesos en Honduras. Evidentemente este blog fue atravesando por diversos cambios desde su creación hasta el momento presente: desde un liberalismo más apegado a la doctrina monetarista, hasta un liberalismo libertario de inspiración austriaca. Entiendo que el Estado, como tal, es un órgano de coerción desde que ha sido concebido como un ente que tiene como fin el regular las decisiones individuales y el devinir de gran número de libertades. De cualquier modo es preciso situar todos los análisis en la realidad, y en ese sentido idealmente el Estado, en primera instancia, debería ser el garante de la seguridad de la sociedad - aunque incluso para eso sea posible desarrollar mecanismos más óptimos. Sobre el funcionamiento y la lógica del Estado recomiendo ampliamente el análisis que se ha venido haciendo en el blog anarquista Orden narutal y espontáneo, que es una muy buena síntesis de lo que aquí mismo se defiende.

    Primero hay que hacer un recuento de lo que sucedió en Honduras durante el último año para que de esa forma se pueda entender por qué se dio la destitución del ex presidente Zelaya. Este personaje, como bien sabemos, es un miembro más del Partido Liberal de Honduras, aunque en la práctica traicionó desde un inicio el liberalismo, lo cual sorprendió a propios y extraños, sobre todo al acercarse a la corriente de Hugo Chávez. Más tarde Zelaya se unió al ALBA, esa alternativa bolivariana y de izquierda frente a los tratados de libre comercio. Después, alentado por las pretensiones de todos y cada uno de los presidentes socialistas de ese bloque, Zelaya pensó que, quizá, sería una buena idea realizar un referéndum para ratificar la posibilidad de reelección. Desde principios del 2009 hubo problemas internas ya que la constitución de Honduras no contempla en ningún lado este aspecto. Ya el congreso del país había expedido una ley que anulaba cualquier votacion que se diera en el referéndum, y no obstante con lo dictado por la gran mayoría del poder legislativo - que incluye a su propio partido - las pretensiones de Zelaya por hacerse de un poder indefinido fueron más grandes que el apego a las instituciones del país, por lo que siguió con la promoción hacia dicha votación para modificar la constitución. Ante tal panorama, lo que se dio a primera vista no fue un golpe de estado en el más puro sentido de la palabra o, al menos, no en la modalidad que conocemos. Históricamente los militares toman el poder, secuestran al presidente, lo exilian o incluso lo matan. Lo que sucedió aquí, al parecer, fue una destitución del mandato presidencial por parte de todo el congreso, haciendo uso del ejército para interceptar a Zelaya y llevarlo a Costa Rica. Más tarde el presidente depuesto habría de viajar - qué extraño - a Nicaragua, bajo el amparo de Daniel Ortega.

    Ya los medios y gobiernos internacionales están condenando el golpe, ya que éste violenta la democracia. Sobra decir que vivir en democracia no implica sólo el ir a votar, sino que es todo un entramado complejo de instituciones. En el caso de Honduras la democracia impedía la reelección. En ese sentido se debe atacar por la vía legal o, dicho de otro modo, legislar para que sea posible. El referéndum de Zelaya fue una maniobra política de poca inteligencia, ya que, en todo caso, también se tiene primero que legislar sobre la posibilidad de hacer referéndums. La corta visión de Zelaya sólo logró enemistarlo con prácticamente todos los sectores del poder: tanto la oposición como su propio partido estuvieron totalmente en contra de lo que el ex presidente pretendía. Así las cosas, no es de extrañar que se diera una pequeña revolución interna. Lo más interesante del caso es que este golpe de estado lo dio todo el congreso, no solamente un grupúsculo militar, y de hecho ratificó a Roberto Micheletti, quien fiera presidente parlamentario - y del mismo partido que Zelaya -, como presidente provisional de Honduras.

    Ahora lo que falta por dilucidar es que si lo ocurrido fue en efecto un golpe de Estado o una destitución constitucional. A simple vista todos se han decantado por la primera opción, quizá llevados por la paranoia y la tradición que ya parece característica e intrínseca a América Latina. El hecho de que los militares hayan ejecutado las órdenes del congreso no convierte el hecho en un golpe como tal. Así pues, éste parece más un problema constitucional que de otro tipo, aunque la comunidad internacional y la izquierda lo comprendan como un mero atentado a la democracia. En muchos casos, si tomamos en cuenta la posición de la "derecha" latinoamericana (Felipe Calderón, Álvaro Uribe, etc), no veremos diferencia alguna porque ya se está condenando el golpe, sin que necesariamente se revise con cuidado lo que está pasando. En ese sentido sería mucho más sano tener una opinión reservada hasta que se aclare realmente qué fue lo que pasó en Honduras. Un análisis frío, de cualquier forma, nos lleva a la idea de que ésta destitución fue constitucional, aunque aún queda por comprobar si la carta de renuncia de Zelaya es verdadera o falsa - la lógica nos dice que se trata de lo segundo - o si es cierto que hay algunos embajadores y funcionarios secuestrados - curiosa y presuntamente son los representantes del ALBA, que por cierto es algo que Ortega ya está declarando[1].

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    [1] Claro. La legitimidad de todo lo que se publica en Aporrea ya es de por sí dudosa, como cualquier delcaración que provenga de personajes tan impresentables como todos los que representan la propuesta socialista de América Latina.
    Ya lo decía Jaime Bayly: toda Latinoamérica es Macondo. En la foto vemos a Zelaya cantando con Los Tigres del Norte.

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  • El fetiche de la democracia
    Es muy interesante cómo se ha estado gestando un movimiento espontáneo en la sociedad mexicana que tiene como fin el anular el voto en las próximas elecciones legislativas. Las propuestas vienen de todas partes del espectro político: está la gente de izquierda que quiere deslegitimar el gobierno de Felipe Calderón, hay gente más conservadora que de pronto sintió un hartazgo a la política, están los intelectuales que, hartos de la partidocracia, llaman a no premiar con el voto a los partidos, y por último están todos los jóvenes cansados de los políticos. Las razones son demasiadas, pero creo que se identifican dos fenómenos importantes: el hecho de que la población no está conforme con la realidad nacional (guerra contra el narco, crisis económica, falta de empleo, etc.), y la contrarreforma electoral que se caracterizó por elevar los costos de la democracia, de eliminar la libertad de expresión y de convertir al Instituto Federal Electoral en un censor para la sociedad y un instrumento más de los tres partidos más importantes de México.

    Se sabe que en este país el nivel de abstencionismo es siempre muy elevado, pero eso no es lo verdaderamente importante, ya que responde más bien a la psicología característicamente desidiosa y desobligada del mexicano. En este caso es algo diferente, porque si bien las elecciones legislativas son siempre las menos populares en cuanto al número de gente que va a votar, lo que hoy vemos es cómo las cifras de la abstención han aumentado de manera importante, así como la intención de anular el voto. Ante esto, durante los últimos días la clase política en general ha dado un giro en su campaña: ahora lo que promueven principalmente es el voto. Esto, claro está, no es de extrañar. Lo importante es que ya han recibido un claro mensaje. Hace poco una candidata del Partido Socialdemócrata se fue más allá al decir que el abstencionismo nos podría llevar a tener a un Fujimori o a un Chávez controlando la nación. Lo que otros intelectuales y opinólogos dicen es que, como tal, el voto nulo no tiene mayor efecto en el sistema y que, por lo tanto, es sólo una amenaza a la democracia.

    Me parece interesante lo que alguna vez apuntó Leo Zuckerman: las generaciones pasadas le tienen un aprecio muy grande a la democracia participativa porque durante mucho tiempo estuvieron luchando para que su voz se oyera, mientras que los jóvenes nacieron en un país donde ya se empezaban a forjar las bases de un cambio institucional que derivaron en que la democracia se nos presentara como algo ya dado. Este argumento tiene mucha razón, ya que en el pasado México fue un país gobernado por el PRI durante más de siete décadas, en parte gracias a que no había, como tal, una verdadera democracia, ya que en muchos casos los resultados eran amañados o simplemente no había más partidos por los cuales votar. De esta forma, luego de varias reformas electorales, se logró durante la presidencia de Ernesto Zedillo que el partido oficial perdiera escaños en la cámara de diputados. Estas viejas generaciones vieron un cambio, una posibilidad de tocar el sueño de la democracia de la que tanto hablaban en el extranjero. Con Vicente Fox este cambio - al menos la alternancia - se hizo palpable: ya era posible que el poder de México cambiara de colores, personajes y partidos. Ésta, sin duda, fue una lucha social de gran parte de la población que en la actualidad defiende a ultranza el voto.

    Por otro lado, y como ya he apuntado, las nuevas generaciones post guerra fría, post muro, post Salinas de Gortari, vieron como ese viejo partido perdía fuerza de una manera muy rápida. En muchos casos su primera votación fue en el 2000, cuando se dio el cambio de partido en la presidencia. No hubo en esta generación una lucha tan aguda como la que alguna vez existió. Para otros tantos, el 2006 fue su primera votación. Esto implica una visión diferente de la democracia y es por eso que creen en el voto nulo como un instrumento más de la participación.

    En ese sentido, la crítica más importante que se ha hecho en estos días es que la no participación sólo implica el fortalecimiento de los grandes partidos, pues se favorece el llamado voto duro, que es el que tradicionalmente tiene como base una agrupación política. Que ninguna democracia del mundo se ha salvado gracias a la abstención. De hecho, visto objetivamente, el voto nulo es en sí inservible en la medida en que éste no incide en la vida político, pero a la vez es un instrumento democrático que tiene como fin el deslegitimar a los partidos. Dicen que se debe votar por el menos malo. La realidad es que el rezago de América Latina se debe, entre muchas otras cosas, en la mediocridad del pueblo. Votar por el candidato que parece menos nocivo es precisamente alentar la medianía y la mediocridad política de un territorio que históricamente ha sido tercermundista. Por otro lado, hay quien dice que lo que se necesita es una reforma del Estado, pero que ésta puede ser sólo alcanzada por medio del voto.

    Hay una campaña que, con la pena, me gustaría tildar de ingenua. Se trata de la propuesta mcd (mínimo común denominador) que plantea la idea de que, por medio del voto en estas elecciones legislativas, será posible comenzar la transformación de la democracia cuyo fin será: la desaparición de los parlamentarios plurinominales (aquellos por los que, en sí mismos, ni siquiera votamos directamente), el abaratamiento de los costos de la democracia (reducción del financiamiento para partidos), entre otros temas. En México ha quedado demostrado que a la clase política poco le interesan estas propuestas y, por lo tanto, mediante el voto al menos malo, al candidato que más le agrade a uno, se estará legitimando la actitud que los partidos, sin duda alguna, seguirán llevando acabo.

    Que el voto es nuestra única arma contra los políticos, pero esto cae en una fuerte contradicción cuando vemos que la representatividad no es más que un eufemismo o acaso un mito. Esto, pues, no es más que un fetiche por la democracia. El votar por un partido no es menos democrático que el asistir a las urnas para mostrar la inconformidad con un sistema que ni siquiera permite que los ciudadanos puedan postularse de manera independiente a un cargo público.

    La izquierda dice que este movimiento en pro de la anulación del voto no es más que un instrumento de la derecha perversa, porque saben bien que en México el peso de los partidos socialistas, al menos en los últimos tres años, está cayendo abruptamente. Por otro lado, la derecha conservadora (que de derecha sólo tiene la moral y no la acción económica) dice que esto es un instrumento de la izquierda revoltosa para que el presidente no pueda seguir con su valiente labor en la lucha contra el narcotráfico.

    Desde un punto de vista práctico, sabemos que muchos mexicanos se quedarán a tomar una cerveza ese día, por lo que las estadísticas no cambian demasiado: el PRI retomará el poder en la cámara y será mayoría, el PAN quedará como segunda fuerza política, el PRD y la izquierda sigue perdiendo apoyo y los demás partidos minoritarios seguirán, diputados más, diputados menos, como un conglomerado de pocas personas que llenan los escaños restantes.

    Este fetiche por la democracia es el que ha creado el peor y más cursi de los mitos: si no votas por algún partido, no te quejes. En realidad lo que se busca con este voto nulo en unas elecciones que ya de por sí son inútiles es simplemente una protesta, una queja, de manera integral contra todo el aparato, especialmente el legislativo, que, por cierto, es el que menos aceptación tiene dentro de la sociedad. En fin, que el voto nulo no va a revolucionar el país, pero tampoco el votar lo hará.

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  • Vota libre: Vota nulo
    Creo que el partido político que tiene la mejor campaña es, sin duda alguna, el PSD (Partido Socialdemócrata) y no me extraña, porque después de todo son de izquierda moderna - una categoría extraña que utilizan para deslindarse del PRD y sus hermanos políticos como el PT y Converngencia. La así llamada izquierda moderna es la opción más atractiva para las generaciones post Guerra Fría, más que nada porque acepta que deshacernos del mercado es un disparate, pero dicen entender que debemos guiarnos por un esquema social e incluyente. Como decía Fukuyama, de quien ya he hablado en un par de ocasiones, la nueva era - el Fin de la Historia - ha terminado con la lucha de ideologías y con la consolidación de la democracia liberal. Esto, de cualquier forma, parecer ser cierto sólo para América del norte y Europa, pues por alguna razón Latinoamérica siempre llega tarde a la historia. De cualquier forma, y a reserva de que este aspecto del anacronismo latino lo tocaré en otro artículo, hay ciertas fuerzas políticas que apuestan por una renovación. Y en ese sentido la izquierda moderna es la opción más atractiva para las masas jóvenes que, inscritos en una generación escéptica, desmotivada y escapista, buscan sentirse identificadas con instituciones que traigan un lenguaje fresco y propuestas más cercanas al pensamiento actual.

    La apuesta del PSD es inteligente ya que se han centrado en la libertad social como motor de su campaña: defender el derecho a las mujeres a decidir sobre su cuerpo - el peor eufemismo que conozco para decir aborto; legalización de las drogas - ¡pachecos del mundo, uníos!; diversidad sexual - bodas gay y adopción por parte de parejas del mismo sexo; y una Internet libre. Los jóvenes ya no quieren escuchar a los políticos decir que ahora sí se acabará la corrupción o que se terminará con la pobreza o una perorata sobre las cifras macroeconómicas. La generación actual ya no quiere cambiar el mundo, quiere ajustarlo a su realidad. La libetad sexual fue un hecho a partir de los 60, una revolución y renovación a la sociedad; hoy por hoy no es más que un hecho, a pesar de que se insista en que sigue habiendo una dosis alta de machismo - y, claro, se omite el creciente y recalcitrante feminazismo. La socialdemocracia triunfa sobre el liberalismo por la única razón de que es políticamente correcta para la juventud. El liberalismo, en cambio, si bien contempla las mismas libertades personales, se concentra en los temas económicos, que a fin de cuenta son mucho más determinantes en la sociedad que un simple matrimonio gay.

    Pero a pesar de la excelente campaña que ha hecho el PSD, tan solo una pequeña porción de todo el país votará por ellos. Sería iluso pensar que un partido recién nacido puede vencer a la hegemonía de las tres grandes fuerzas políticas. Lo interesante no es que el PSD atraiga a los jóvenes. Lo suyo es simplemente una genial campaña, pero nada más. La tendencia de la sociedad mexicana - valemadrista dirían algunos - en este 2009 es de hartazgo. El abstencionismo esperado en estas elecciones legislativas es muy alto. Se espera, además, que el partido del gobierno pierda mayoría en la cámara y la gane el viejo PRI, mientras que el PRD quedará como una tercera fuerza luego del desgaste que supuso la campaña de López Obrador y el circo que se armó luego de las dudosas elecciones internas del partido. Pero esto es sólo para los que van a votar, que son más bien pocos. Gran parte de la población no se levantará temprano para ir a las urnas. Otros más irán y tacharán la boleta entera para protestar.

    Ante esta actitud ya hay muchas personas quejándose de dicha tendencia. Si no votas no podrás opinar cuando los políticos hagan algo que no te guste; si no votas le vas a dar la posibilidad a que el gobierno siga manejando nuestras vidas; si no votas estás defraudando a la democracia que tanto nos costó construir. Incluso se ha dicho que esto es una campaña perversa. Esos argumentos son frases prefabricadas y vendidas por los grandes actores políticos que se legitiman por medio de los votos, o bien palabras al viento que han dicho los que tienen un fetiche por la democracia.

    Los jóvenes de ahora son apolíticos. No votan porque sean anarquistas ni porque haya un trasfondo místico-gnóstico-filosófico, simplemente adoptan esta actitud porque no quieren escuchar el discurso de los políticos. Es consenso entre mis compañeros y conocidos el quedarse en casa o ir a anular el voto. Esto, a diferencia de lo que piensan los fetichistas de la democracia, es la actitud más democrática que un pueblo pueda tener, pues por medio de una boleta rota o de la desidia se pone de manifiesto el hartazgo de todo un pueblo, de la mayoría del país. Son más los que deciden no votar o los que deciden votar nulo. El no votar o ir a destruir la boleta electoral es uno de los actos cívicos más bellos y loables, aunque, tristemente, incomprendido por gran parte de la población.

    Estos son los retos de la democracia, dirían los cursis. Los del PSD gritan a los cuatro vientos La revolución socialdemócrata ha comenzado, Vota Libre. Lo cierto es que lo socialdemócratas saben venderse y muy bien, a diferencia de los liberales. Ahí está el problema de la libertad económica y del capitalismo, de ahí que no hayamos tenido éxito al comunicar nuestras ideas, de ahí que los jóvenes se sientan más atraídos por el ideario socialdemócrata. De cualquier forma, las ideas económicas que tienen las personas afines a este sistema no dejan de ser keynesianas. Leía en su propuesta para superar la crisis que debíamos relajar las tasas de interés, dar seguros de desempleo y correr con ellos de la mano a la tierra de la felicidad por medio de un libre mercado regulado (¿?) y un misterioso impuesto a las transacciones cambiarias - que no es otra cosa que la famosa Tasa de Tobin.

    Por suerte los jóvenes ya no esperan que los políticos resuelvan sus vidas y es por eso que el abstencionismo se impondrá en estas elecciones. Por una cosa u otra la vida nos ha llevado a despreciar al gobierno - quizá un pequeño destello libertario en nuestra conscienia tan colectivista - y lo más sabio sería deslegitimarlo por medio del voto nulo y no por medio de concesiones a partidos modernos u opciones alternativas de inspiración europea. Así que yo propongo lo siguiente: Vota libre, ¡vota nulo!

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